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Panamá y Groenlandia: unidos por una prehistoria de tres millones de años

Del clima del pasado a la geoestrategia del presente

Panamá y Groenlandia: unidos por una prehistoria de tres millones de años
Es clave la integración de los puertos panameños con las zonas francas. LP/ Alexander Arosemena

En sus orígenes prehistóricos, Panamá inició su debut y formación paulatina hace tres millones de años. Movimientos telúricos lo hicieron emerger a la superficie del mar. Poco a poco se consolidó como un puente entre lo que eran, por un lado, las playas de Costa Rica a los pies del Barú y, por el otro, las costas selváticas del actual territorio emberá en Colombia. Con ello, Panamá interrumpió el movimiento de corrientes marítimas que fluían del norte del planeta hacia el sur y viceversa.

Los geólogos coinciden en que, una vez completada la formación del istmo y bloqueado el intercambio de aguas entre el Atlántico y el Pacífico, se inició la glaciación ártica a gran escala y las edades de hielo modernas. ¿Por qué? Las corrientes de agua tibia, al rebotar ahora contra Panamá y recalentarse en el golfo de México, fueron enviadas de regreso hacia el norte polar. Tal como ocurre cuando se deja abierta la puerta de un congelador y la humedad exterior genera escarcha que termina convirtiéndose en hielo, esa dinámica contribuyó a la expansión de los hielos en Groenlandia, entonces una isla de menor tamaño. Panamá, sin proponérselo, amplió su huella geológica hasta el Ártico.

Veamos, parte por parte, la magnitud de lo que significó el surgimiento de Panamá, no solo para Centroamérica, sino también para Groenlandia y para el planeta entero.

I. Danza de la tierra y el hielo: el nacimiento del istmo

1. El latido de la piedra (la formación)

No fue el viento ni el frío lo que dictó el inicio, sino el fuego y el pulso de los abismos. Bajo el mar azul que hoy se observa desde Punta Piña hasta Puerto Armuelles, las placas tectónicas —Cocos, Caribe y la vasta Suramérica— se buscaron en un abrazo milenario y lento. Entre volcanes sumergidos, la tierra emergió del océano como un espinazo de fuego, hilvanando, como una pollera, dos continentes que el mar mantenía separados. Hace tres millones de años, el puente de barro se cerró: el istmo ya partía el océano en dos.

2. El río de fuego en el mar (la Corriente del Golfo)

Al sellarse la puerta de Panamá, el Atlántico se vio obligado a desviar su curso. Las aguas tropicales, cálidas y densas en salinidad, ya no pudieron escapar hacia el Pacífico y se vieron forzadas a viajar de regreso al septentrión polar. Así se consolidó la Corriente del Golfo, un río invisible de calor que serpentea por el océano llevando la energía del trópico centroamericano y caribeño hasta las puertas del Polo Norte, incluida la entonces pequeña Groenlandia.

Este flujo vital transporta calor hacia Europa y evita que el continente sucumba al frío absoluto. Tal es el alcance del impacto climático del surgimiento del istmo panameño.

3. Cómo el calor engendró el hielo y agrandó a Groenlandia

La paradoja es evidente: Panamá contribuyó a la expansión del hielo ártico utilizando el calor como instrumento. La corriente cálida del Golfo cargó de humedad el aire del norte, que los vientos llevaron hacia Eurasia. Allí, el vapor se encontró con temperaturas extremas y, en lugar de lluvia, precipitó como nieve persistente. Los copos se transformaron en mantos, y los mantos en glaciares. Así, el nacimiento de Panamá coronó de blanco al Ártico, transformando de forma permanente el hemisferio norte.

4. El gran encuentro y la herida de sal (impacto global)

La tierra no solo cambió el clima; cambió la vida. El istmo fue escenario del Gran Intercambio Biótico: felinos y osos descendieron al sur, mientras armadillos y zarigüeyas migraron al norte, cruzando un puente sin fronteras para la fauna, la flora y los antepasados aborígenes de pueblos como los Ngäbe-Buglé. En las profundidades marinas, sin embargo, el océano quedó herido: el Atlántico se tornó más salino, mientras el Pacífico se volvió relativamente más dulce.

II. Groenlandia y Panamá en la mira geopolítica contemporánea

Al cumplirse dos siglos de la proclamación de la Doctrina Monroe, mediante la cual Estados Unidos buscó impedir la injerencia de potencias extracontinentales en América, sus fundamentos reaparecen en la perspectiva estratégica actual. En Panamá resurgen discursos sobre la naturaleza del control del Canal. Recordemos las palabras de Omar Torrijos, cuando la tinta de los tratados aún estaba fresca: “este tratado nos coloca bajo el paraguas del Pentágono”, en referencia al Tratado de Neutralidad, cuyo artículo IV aborda ese principio.

En el caso de Groenlandia, existe un acuerdo vigente desde 1951 que abre la puerta a una lógica similar. Lo cierto es que Rusia y China navegan hoy el Ártico con creciente frecuencia, lo que reactiva viejos reflejos estratégicos en Washington. Así, Panamá y Groenlandia —unidos por una prehistoria climática común— convergen ahora en un escenario geopolítico donde el control de rutas, recursos y espacios estratégicos vuelve a estar en disputa.

El autor es internacionalista y diplomático de carrera.


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