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‘Novus ordo seclorum’

‘Novus ordo seclorum’
Manifestantes queman retratos del ayatolá durante protestas nocturnas en una plaza urbana.

Desde la época de la unipolaridad estadounidense, posterior al fin de la Guerra Fría, el mundo ha transitado hacia un sistema de relaciones internacionales más fragmentado y menos ordenado. El gobierno del presidente Joe Biden marcó un punto de inflexión en el liderazgo global de Estados Unidos, un liderazgo que ya mostraba signos de desgaste. A inicios de la década de 2000, Estados Unidos era la potencia dominante no solo en el ámbito militar, sino también en el financiero y el tecnológico. Sin embargo, con la crisis financiera de 2008, la fragilidad del sistema financiero internacional evidenció que ese liderazgo ya no era incuestionable.

Este proceso, sumado al resurgimiento de la República Popular China (RPC) como una de las principales potencias mundiales y al desgaste financiero que representaron las guerras de Afganistán e Irak, acentuó la polarización interna estadounidense. Aunque ello no provocó que Estados Unidos dejara de ser un actor central, sí visibilizó profundas divisiones en torno al orden mundial dentro de la comunidad internacional.

Esencialmente, la transición de la RPC de potencia emergente a actor estructural del sistema internacional —especialmente en el comercio mundial— redireccionó la manera de estudiar las relaciones internacionales y el sistema jurídico internacional en su conjunto. Se configuró así una nueva lógica de competencia estratégica que redefinió el equilibrio global entre las naciones. China expandió su influencia a través de su rol como la “fábrica del mundo” —basta revisar la procedencia de los productos en nuestros hogares para constatar que casi todos tenemos algo hecho en China—, el proyecto de inversión de la Franja y la Ruta, y el crecimiento sostenido de su poder militar y tecnológico.

Por otro lado, el retorno de Rusia como actor disruptivo, con un énfasis revisionista del orden liberal impulsado por Estados Unidos y la Unión Europea, ha contribuido a debilitar y fragmentar aún más el sistema internacional.

El sistema comercial global vivió sus años más expansivos durante la primera década del siglo XXI. No obstante, tras el auge de las cadenas de suministro transnacionales y el dominio del multilateralismo, emergió un creciente disenso respecto a la globalización. A partir de 2010 se produjo un auge del proteccionismo y del nacionalismo económico, reflejado en movimientos políticos populistas como el Brexit —la salida del Reino Unido de la Unión Europea— y en la política exterior estadounidense de “America First”, expresión del distanciamiento del liberalismo tradicional, de las uniones supranacionales y del multilateralismo.

La Unión Europea y el Mercosur

El 9 de enero de 2026, la mayoría de los países miembros de la Unión Europea respaldaron el Acuerdo de Libre Comercio (ALC) entre la Unión Europea y el Mercosur, aunque Francia, Polonia, Austria, Irlanda y Hungría votaron en contra. El Parlamento Europeo deberá ahora aprobarlo; sin embargo, al ser la Comisión Europea —liderada por Ursula von der Leyen— la entidad competente en materia comercial, se espera que esta viaje próximamente a Sudamérica para la firma oficial del acuerdo. Entre los principales argumentos en contra del ALC se encuentran el rechazo político y el creciente descontento hacia tratados percibidos como lesivos para la soberanía nacional.

Las protestas de los agricultores europeos contra el acuerdo trascienden el ámbito agrícola. Representan tensiones estructurales propias de un orden mundial en transición y reflejan los cuestionamientos a la globalización liberal y a sus efectos adversos en las democracias avanzadas. En otras palabras, el consenso posglobalización se ha erosionado, y sectores estratégicos perciben que el libre comercio ya no los favorece, lo que debilita la legitimidad interna de la Unión Europea como potencia normativa global.

Invierno de descontento en Irán

Medio Oriente atraviesa un nuevo ciclo de intentos de cambio político con las protestas iniciadas a finales de diciembre de 2025. Los iraníes han salido a las calles ante el desplome de la moneda y las severas condiciones económicas, elevando las tensiones regionales e internacionales. Esto ocurre luego de que el presidente estadounidense advirtiera a los líderes iraníes que no reprimieran a la población civil, señalando que, de hacerlo, Estados Unidos respondería en consecuencia. De prosperar, estas protestas no solo pondrían fin a más de 45 años de un régimen autoritario, sino que también recordarían la Primavera Árabe y el peso que tiene la movilización ciudadana cuando exige el fin de décadas de opresión en una de las regiones más inestables del planeta.

La transición a la democracia en Venezuela

El presidente estadounidense Donald Trump ha sostenido que uno de sus objetivos es convertir al hemisferio occidental en un espacio más seguro. Sin embargo, puede argumentarse que, desde la perspectiva de seguridad de la actual administración, aún resulta prioritario estabilizar Venezuela hasta convertirla en un país atractivo para la inversión extranjera. Ello se acompaña de presiones para modificar la política interna de países como Cuba o Colombia, sobre los cuales Trump ha sido particularmente explícito. En este contexto, las relaciones interamericanas han entrado en una nueva fase, donde uno de los objetivos centrales de Washington es limitar la influencia china y rusa en el hemisferio occidental.

Nuevo orden mundial

Con el fin del libre comercio apolítico, los fracasos de las organizaciones internacionales y la creciente desconfianza hacia los gobiernos supranacionales para proteger los intereses de sus ciudadanos, las potencias globales ya no son socios predecibles para los mercados emergentes y el Sur Global. El mundo se encuentra en una búsqueda constante de alternativas, mientras los poderes tradicionales reconfiguran sus estrategias de influencia dentro de un sistema multipolar. Este escenario ha derivado en una renegociación del orden liberal basado en reglas y en una creciente primacía de las políticas domésticas sobre la gobernanza internacional.

El autor es internacionalista.


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