Cada vez que aparece una nueva herramienta de inteligencia artificial surge también una pregunta que genera inquietud: ¿qué trabajos desaparecerán? El temor no es infundado. La inteligencia artificial ya puede redactar textos, generar imágenes, analizar información, programar, atender consultas y realizar tareas que hasta hace poco requerían exclusivamente la intervención humana.

Sin embargo, quizá estamos planteando mal la pregunta. El debate no debería reducirse a si la inteligencia artificial reemplazará a las personas, sino a cuánto de nuestro trabajo puede ser automatizado y, sobre todo, qué haremos cuando determinadas tareas dejen de requerir nuestra intervención.

La diferencia es importante. Una profesión está compuesta por múltiples tareas y responsabilidades. Que una máquina pueda realizar algunas de ellas no significa necesariamente que pueda sustituir por completo a quien ejerce esa profesión. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima que uno de cada cuatro trabajadores en el mundo está en una ocupación con algún grado de exposición a la inteligencia artificial generativa, pero señala que la transformación de los empleos es más probable que su desaparición completa (Organización Internacional del Trabajo [OIT], 2025).

Eso no significa que debamos ignorar el riesgo. Algunos puestos y determinadas tareas pueden reducirse o desaparecer. El Foro Económico Mundial proyecta que, como resultado de diversos cambios estructurales, hasta 2030 podrían crearse 170 millones de empleos y desplazarse 92 millones, lo que evidencia una profunda transformación del mercado laboral (World Economic Forum, 2025).

El verdadero desafío podría estar, entonces, en nuestra capacidad para adaptarnos. La persona que aprenda a utilizar la inteligencia artificial puede aumentar su productividad y asumir nuevas responsabilidades, mientras que quien no desarrolle esas capacidades podría quedar en desventaja.

Aquí la educación tiene una responsabilidad enorme. No basta con enseñar a utilizar herramientas de inteligencia artificial. También debemos enseñar a cuestionar sus respuestas, verificar información, reconocer errores, proteger los datos y tomar decisiones con criterio propio. La OCDE destaca precisamente la importancia creciente del pensamiento crítico, la creatividad, la colaboración y la capacidad de seguir aprendiendo en una economía transformada por la IA (OCDE, 2026).

Esto plantea una pregunta importante para Panamá: ¿estamos preparando a nuestros estudiantes y trabajadores para un mercado laboral que está cambiando o seguimos formando principalmente para ejecutar tareas que las máquinas pueden realizar cada vez mejor?

La respuesta no debería ser rechazar la inteligencia artificial ni entregarle ciegamente nuestras decisiones. El desafío está en aprender a trabajar con ella sin renunciar al criterio humano.

Tal vez dentro de algunos años descubramos que la pregunta que hoy nos produce miedo estaba incompleta. La inteligencia artificial puede reemplazar determinadas tareas, transformar profesiones y crear nuevas oportunidades. Lo que todavía depende de nosotros es decidir cómo responderemos ante ese cambio.

Por eso, más que preguntarnos si la inteligencia artificial nos reemplazará, deberíamos preguntarnos algo más incómodo:

¿Estamos preparados para cambiar antes de que el mundo del trabajo cambie por nosotros?

El autor es profesional del área de sistemas y programación y estudiante de Maestría en Ingeniería de Software con especialización en Inteligencia Artificial.