Actualmente se observa un incremento de declaraciones con matices nacionalistas realizado por diversos sectores, incluyendo algunos políticos. Lo que levanta mi sospecha de que pronto estaremos redirigiendo nuestro discurso político hacia consignas nacionalistas. Tendremos motivaciones variadas, como las críticas a la globalización y sus efectos, factores políticos, económicos y sociales y, puntualmente, factores migratorios y culturales. Además, algunos adoptarán razones, añorando el éxito al estilo brexit y el fenómeno Trump.
La intención es adelantarnos a los discursos, debatir y proponer un modelo nacionalista que permita a Panamá un desarrollo conforme nuestra naturaleza histórica, reinventando nuestras estrategias competitivas bajo el nuevo contexto global. Neutralicemos las amenazas internacionales y aquellas locales con interés de capitalizar cuotas de poder mediante argumentos populistas o nacionalistas, este último descontextualizado y fundamentado en una concepción clásica-tradicional del Estado-nación y el concepto soberanía. No hay espacio para recurrir al sentido nacionalista de la década de 1970 ni a argumentos insostenibles, como lo hemos apreciado ante los casos de los Papeles de Panamá, Waked y otros.
No se ha comprendido la globalización y sus efectos, y ya en la actualidad estamos ante la necesidad de repensarla. Pero el hecho de que algunas consecuencias no hayan sido efectivas, no indica que el fenómeno se detenga. La globalización continuará repensándose y, definitivamente, el Estado-nación y la soberanía, requieren ser redefinidos en un nuevo contexto, considerando que las fronteras se han desvanecido y la autoridad y la capacidad de control del Estado ha disminuido. Esto es una realidad irreversible que es continuamente violentada.
Valoremos el que la persona, en familia, en comunidad, interactuando libremente, sigue redefiniendo sus valores culturales y sentido de nación. El Estado no ha desaparecido y es un actor importante en la política global multinivel. Consideremos que muchos problemas tienen una complejidad cuya solución no es unilateral, y que hemos apreciado cómo las fuerzas externas inciden internamente.
Panamá requiere un nacionalismo basado en la redefinición del concepto soberanía, según la nueva realidad global y valorando el nuevo rol del Estado en la política de gobernanza multinivel y transnacional. Que refleje la delegación efectiva del poder de los ciudadanos a los órganos de gobierno y a las instituciones, siendo estas las facultadas para ejercer el poder en consecución de nuestro desarrollo, como nación, incidiendo en la política global para que hagamos valer el derecho de autodeterminación dentro del marco global. No es un nacionalismo impregnado de ideologías que desconocen la dignidad de la persona ni es la extensión de la disfuncionalidad del Estado producto de la burocracia, la corrupción y los intereses locales o supranacionales que omiten las necesidades de nuestros ciudadanos y el sentido de nación que ellos construyen desde sus valores.
Se trata de un nacionalismo sobre la base de principios que desafíen la realidad actual y adapte el sistema tradicional a la política global. En la que se respete la libertad, la autonomía, la propiedad, la justicia, la solidaridad y la subsidiariedad, cuando con mirada responsable hacia nuestra comunidad interiorizamos la pobreza. Construyamos puentes y procuremos, con transparencia, las soluciones que los ciudadanos reclaman, comprendiendo el contexto global y haciendo de Panamá un país de oportunidades.
