Hablar de basura en Panamá es mencionar uno de los grandes problemas de nuestra sociedad moderna como país. Un problema del que todos en Panamá somos conscientes y que, de cierta manera, todos anhelamos solucionar.
La situación de la basura ha generado diferentes puntos de vista dentro de la sociedad para buscar potenciales soluciones. Estas opciones tratan de aplicar la regla ecológica de reducir, reutilizar y reciclar la basura.
Los presupuestos disponibles, la disponibilidad de vertederos, la conciencia ciudadana, el crecimiento urbano desorganizado, la organización para la disposición y colecta de la basura, entre otros factores, han transformado la basura en una de las mayores fuentes de contaminación ambiental (del agua, suelo y aire), destrucción de medios de vida y un serio problema para la salud pública en diversas regiones del mundo.
Dentro del abanico de opciones que aportan a solucionar la situación actual de la basura, encontramos un interesante caso de un insecto que a simple vista nos pudiese parecer insignificante, pero que, en realidad, es uno de los grandes candidatos a aportar de manera significativa al manejo de la basura, principalmente de origen orgánico en Panamá: hablamos de la mosca soldado negra.
La mosca soldado negra (Hermetia illucens L.) es una especie de la familia Stratiomyidae que no tiene nada que ver con la mosca común (Musca domestica L.) de la familia Muscidae. Físicamente también son diferentes; generalmente, la mosca soldado negra parece tener puesta una armadura. Como su nombre lo indica, es negra, alargada y con antenas visiblemente largas, a diferencia de la mosca común, que generalmente es más pequeña, de color gris, con franjas de color oscuro.
La mosca común es conocida por ser un vector mecánico de microorganismos patógenos asociados a la transmisión de enfermedades, la contaminación de nuestros alimentos expuestos y la molestia constante en cocinas y hogares donde se encuentre. Sin embargo, la mosca soldado negra prefiere estar cerca de zonas donde haya mucha materia orgánica descomponiéndose, heces de animales o estiércol, residuos de vegetales y materia orgánica en general.
El punto que nos interesa es que las larvas pueden consumir, en un tiempo relativamente corto —a diferencia de la preparación de compost común, que puede tardar meses— altas cantidades de residuos vegetales, estiércol, restos de comidas de restaurantes, residuos de cosecha en campo, entre otros residuos orgánicos, para transformarlos en biomasa de larvas ricas en proteínas y grasas que pueden ser utilizadas para alimentación de animales de cría (pollos, peces, entre otros) y subproductos como el frass o excremento de las larvas, que constituye un fertilizante de alta calidad nutricional para plantas cultivadas.
En Panamá existen diversas iniciativas de multiplicación, publicaciones científicas, tesis e investigaciones asociadas a la mosca soldado negra, como, por ejemplo, las iniciativas del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales, la Universidad de Panamá, la Universidad Tecnológica de Panamá, la Universidad Autónoma de Chiriquí, el Instituto de Innovación Agropecuaria de Panamá, el Ministerio de Ambiente, la Finca Agroecológica Coquira Soil Project, Albios Panamá y otras iniciativas que consideran la mosca soldado negra como una alternativa real de bioeconomía circular en Panamá.
Este insecto constituye una verdadera fábrica biológica para transformar de manera sostenible la basura orgánica de la sociedad moderna. Es una gran oportunidad para el tratamiento de residuos orgánicos de mercados, zoológicos, hipódromos, centros comerciales, restaurantes, hogares, desechos de empresas de producción de animales de cría y residuos de plantas cultivadas.
Es interesante que nuestra naturaleza nos ofrece muchas opciones para manejar los problemas de nuestra sociedad moderna; quizás, si observáramos nuestro entorno y destruyéramos menos, podríamos encontrar soluciones para la basura y otros tantos problemas sociales que nos aquejan, siempre pensando en un mejor país y en un mayor bienestar para todos.
El autor es profesor especial de la Universidad de Panamá, Centro Regional Universitario de Los Santos.
