Ser investigador en Panamá o en el mundo es una actividad llena de momentos alegres, pero también de momentos un poco amargos. En realidad, los investigadores son personas que profundizan en la ciencia o el área de conocimiento en la que se desempeñan a lo largo de los años; aunque pueden ser vistos por muchos como personas elitistas, esta percepción está totalmente fuera de la realidad.
En este sentido, uno de esos tantos investigadores destacados que logró reconocimiento por su trabajo a nivel mundial fue el Dr. Albert Einstein. A pesar de que hace ya más de 71 años de su muerte, aún sigue latente su legado en diversos aspectos asociados a la ciencia moderna en general. Este destacado científico de nacionalidad múltiple vivió 76 años y durante parte de ese tiempo dejó un legado universal basado en impulsar la transformación de la física moderna, en aspectos muy conocidos como la “Teoría de la relatividad especial” y la “Teoría de la relatividad general”, propuestas a inicios del siglo pasado. Su explicación del efecto fotoeléctrico fue clave para el nacimiento de la mecánica cuántica, que le valió en su momento el Premio Nobel de Física.
Para su época, la imagen de Einstein como investigador popularizó la ciencia al aparecer en la portada de la revista TIME en 1999 como “persona del siglo”, hecho destacable para un investigador de aquella época, porque la revista, durante más de 100 años, había dado mayor protagonismo en sus portadas a personas que sobresalían en otros ámbitos, como el deporte y la política, entre otras actividades, además de la ciencia.
Por ejemplo, es prudente mencionar que en Panamá nuestra sociedad no tiende a apreciar la figura de los investigadores ni todos los aportes que se realizan para el desarrollo integral de la sociedad. Tenemos, por ejemplo, el caso de la doctora Carmenza Spadafora, que es una de nuestras más destacadas investigadoras en bioquímica y está entre las mujeres de ciencia más importantes de nuestra historia por sus investigaciones y aportes al estudio de la malaria en Panamá, pero es casi seguro que la llevamos a un colegio cualquiera del país y un alto porcentaje de estudiantes no la reconocería, pese a que su carrera constituye un digno ejemplo tanto para infantes y adolescentes como para adultos.
Son diversas las biografías que se han escrito sobre Einstein; entre las más destacadas se encuentran las escritas por Walter Isaacson y Andrew Robinson, porque integran diversos aspectos de su vida.
Sus planteamientos teóricos fueron fundamentales para que hoy tengamos acceso a herramientas básicas en nuestra vida diaria, como los paneles solares y los sistemas de posicionamiento global. Quizás su fórmula más famosa es E = mc² (donde E = energía; m = masa; c² = velocidad de la luz al cuadrado), que indica que la masa y la energía son dos formas de la misma entidad física.
En Panamá se mantiene vivo el recuerdo de Einstein, entre otras causas asociadas a la ciencia, por la visita que realizó en 1930, además de por dos estructuras ubicadas en la ciudad de Panamá: una escultura dedicada al investigador, llamada “Cabeza de Einstein”, creada por el escultor panameño Carlos Arboleda, y el “Instituto Alberto Einstein”, que es una institución educativa.
Entre los principales aportes de Albert Einstein a la sociedad no solo se encuentra el desarrollo de ciencias como la física, la mecánica, la cosmología y las matemáticas, sino que también impulsó los experimentos mentales, el pensamiento crítico y la motivación hacia la curiosidad como cualidad fundamental para estudiantes, docentes e investigadores.
Estas temáticas son hoy de gran necesidad ante los cambios sociales, tecnológicos y educativos asociados al uso de la inteligencia artificial y al uso excesivo de dispositivos electrónicos; por tanto, Einstein se adelantó a su tiempo al ofrecernos herramientas en beneficio del desarrollo integral de los ciudadanos de nuestro país.
El autor es profesor especial de la Universidad de Panamá, en el Centro Regional Universitario de Los Santos


