Parafraseando el título de la icónica película italiana Lo bueno, lo malo y lo feo, protagonizada por Clint Eastwood, Eli Wallach y Lee Van Cleef, estrenada en 1966, cuya trama consiste, básicamente, en que el bueno, un taciturno y seguro vaquero, con el propósito de encontrar un tesoro enterrado en un cementerio lejano, se ve obligado a mantener una relación ambivalente y de mutuo beneficio con el malo y el feo, en el entendido de que cada uno conoce parte del secreto para encontrar dicho tesoro, me permito hacer una analogía con otra película que está próxima a estrenarse en la Asamblea Nacional, a propósito de la elección de la nueva junta directiva de este órgano del Estado panameño.
En efecto, el próximo 1 de julio los diputados deberán elegir a la nueva junta directiva de la Asamblea Nacional para el período 2026-2027. En esta ocasión, resulta relativamente fácil predecir los resultados que podemos esperar, debido, entre otras cosas, al continuo desgaste y creciente resquebrajamiento de la moralidad y los principios que ha experimentado, desde sus inicios, el mal llamado “bloque opositor”, encabezado por la bancada de los denominados diputados independientes.
Como recordaremos, en la ocasión anterior el panorama fue distinto, pues la alianza de diputados independientes cerró filas con panameñistas, miembros de Cambio Democrático y la bancada mixta para derrotar a la candidata oficialista, Shirley Castañeda, de Realizando Metas (RM), apoyada por el PRD.
Lo cierto es que ahora todo apunta a que, sin mayores escollos, la diputada Shirley Castañeda resultará electa por la mayoría de los votos emitidos por los padres de la patria.
Lo triste y decepcionante de todo lo que sigue ocurriendo en la Asamblea Nacional, aparte de la bochornosa y reciente conducta puesta en escena por los exintegrantes de Vamos, a quienes ya no sé ni cómo llamar: Seguimos, Íbamos o Venimos, es que a todo este cúmulo de incoherencias políticas, coronadas por el desmoronamiento gradual y vergonzoso de los postulados originales que juraron defender en nombre del pueblo panameño, que depositó sus esperanzas en ellos, debemos sumar la postura de aquellos que convenientemente prefieren ver los toros desde la barrera y alegan que esperan sentarse a conversar con quien finalmente tenga mayores probabilidades de alcanzar la presidencia de la Asamblea.
En ese sentido, y si tomamos como ejemplo las declaraciones que, de manera muy natural, ofreció ante un medio televisivo el diputado Ernesto Cedeño, de la bancada Seguimos, al expresar, palabras más, palabras menos, que “lo que queda por hacer es reunirse con la diputada Shirley Castañeda”, entonces lo que podemos esperar los panameños de parte de los diputados de todas las bancadas, frente a este triste panorama de reacomodos políticos tradicionales que se avecina, es la reivindicación plena de la célebre frase “¿qué hay pa’ mí?”, asociada en su momento a Yanibel Ábrego.
El autor es escritor y pintor.

