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Liderazgo con humanidad

Después de más de 43 años de ejercicio profesional en ingeniería y de haber pasado 32 años dentro de la Autoridad del Canal de Panamá, uno aprende algo importante: las grandes instituciones no se sostienen únicamente sobre concreto, acero, equipos, reglamentos o tecnología. También se sostienen sobre personas, sobre carácter, sobre liderazgo y sobre la capacidad de influir positivamente en otros aun bajo presión extrema.

Conozco a la ingeniera Marotta desde 1989, mucho antes de su posición actual. Precisamente por eso considero importante expresar algunas reflexiones que nacen no de una impresión pasajera, sino de décadas observando su comportamiento humano y profesional en distintos escenarios y circunstancias.

La ingeniería enseña a medir resultados. Importa la eficiencia. Importa la rapidez de ejecución. Importa resolver problemas en el menor tiempo posible y de la mejor manera posible. Esa es, al final, una de las grandes metas de toda organización moderna y particularmente de una institución tan compleja y estratégica como el Canal de Panamá.

Pero existe otro elemento que pocas veces aparece en los organigramas: la capacidad de inspirar a las personas.

Una cosa es tener empleados que trabajan porque tienen que hacerlo. Otra muy distinta es lograr que las personas quieran trabajar contigo, crean en tu liderazgo y deseen formar parte de tu equipo. Esa diferencia parece pequeña, pero en realidad representa millones de dólares en productividad, compromiso institucional y capacidad de respuesta.

Y ahí es donde, en mi opinión, la ingeniera Marotta posee una virtud poco común: lo que yo llamaría liderazgo con humanidad.

¿Y qué significa liderazgo con humanidad?

Es lograr que las personas sientan satisfacción de trabajar contigo. Es conseguir que den la milla extra sin necesidad de presión excesiva, sin temor constante y sin mecanismos agresivos de control. Es obtener lo mejor del ser humano mientras, paradójicamente, este siente orgullo de aportar más.

Por la naturaleza de mi trabajo, he tenido contacto con colegas de diferentes partes del mundo: Europa, Asia, Estados Unidos, América del Sur y muchas otras regiones. Y sinceramente no he encontrado, sin exagerar, ese tipo de liderazgo ejercido con la naturalidad con la que lo ejerce la ingeniera Marotta.

Posee una combinación extraordinariamente difícil de encontrar entre firmeza, disciplina, humildad, humanidad y excelencia técnica. Trabaja bien bajo presión. Mantiene el carácter cuando las circunstancias lo exigen. Y, al mismo tiempo, conserva algo que muchos líderes pierden en el camino: la cercanía humana genuina.

No hablo de un trato fingido o protocolar. Hablo de algo que simplemente fluye.

Las personas perciben rápidamente cuando alguien simula cercanía por razones políticas o administrativas. Pero también perciben cuando la atención es auténtica. Y esa autenticidad genera algo extremadamente poderoso dentro de cualquier organización: confianza.

He visto a la ingeniera Marotta atravesar momentos personales difíciles, como ocurre con todos los seres humanos. He visto presiones intensas, responsabilidades enormes y situaciones emocionalmente complejas. Sin embargo, aun bajo esas circunstancias, conserva la capacidad de darte un minuto de atención sincera como empleado, compañero o colaborador.

Puede estrechar la mano de quien limpia un piso y la de un importante empresario con exactamente la misma dignidad y respeto. Puede tomarse una fotografía con ambos con la misma naturalidad. Eso parece sencillo cuando se escribe, pero en realidad revela algo profundo sobre el carácter de una persona.

Porque el verdadero liderazgo no consiste solamente en dirigir estructuras. Consiste también en cómo haces sentir a las personas a tu alrededor.

Cuando una persona te estrecha la mano con sinceridad, te dedica una palabra honesta, toma un minuto para escucharte o hace una pausa para observar a cualquier trabajador dentro de la institución —sin importar el rango que tenga— puede producir algo mucho más grande de lo que muchos imaginan. Puede marcar la diferencia entre tener profesionales más desarrollados, agradecidos, realizados y comprometidos con su trabajo, o simplemente un grupo de personas asistiendo diariamente a una oficina para producir dinero.

Y eso también es eficiencia.

Porque las instituciones verdaderamente fuertes no se construyen únicamente con presupuestos o reglamentos. También se construyen desarrollando seres humanos que sienten pertenencia, respeto y motivación genuina por lo que hacen. Y esto no debe confundirse con romanticismo ni sentimentalismo. Todo lo contrario. Las grandes corporaciones privadas del mundo invierten enormes cantidades de dinero intentando construir culturas organizacionales sólidas, equipos comprometidos y liderazgos efectivos. ¿Por qué? Porque han descubierto algo fundamental: las organizaciones más eficientes dependen profundamente de la calidad humana de quienes las conducen.

La gente hoy está hambrienta de algo difícil de definir. Quizás autenticidad. Quizás propósito. Quizás sentirse valorada como ser humano y no únicamente como una pieza operativa dentro de un sistema.

Existen personas cuya manera de actuar influye positivamente sobre otros mediante el ejemplo, la conducta y la forma de tratar a quienes les rodean. Y ese tipo de influencia humana tiene un enorme valor dentro de organizaciones complejas.

Otro aspecto importante es que la ingeniera Marotta conoce profundamente los distintos estratos humanos y operativos del Canal de Panamá. Y eso tiene un enorme valor. No solamente por conocimiento técnico o administrativo, sino porque crea puentes internos que facilitan la resolución de problemas con rapidez, eficiencia y sentido humano.

A eso se suma otra virtud importante: su experiencia acumulada durante años en el trato con clientes y su capacidad de proyectarse internacionalmente con naturalidad y fluidez. En una institución como el Canal de Panamá, donde convergen intereses globales, comercio internacional y relaciones complejas con múltiples actores del mundo, esa capacidad representa un activo invaluable para el Canal y, por extensión, para Panamá.

En las instituciones, la fricción interna puede retrasar decisiones críticas. Pero cuando existe credibilidad transversal, respeto ganado durante años y capacidad de conexión con distintos niveles de la organización, los procesos fluyen mejor y las soluciones llegan más rápido. Eso también es liderazgo.

Y quizás allí reside una de las razones más importantes por las cuales muchas personas dentro de la institución sienten cercanía hacia ella, independientemente del cargo que hoy ocupa.

La ingeniera Marotta representa, en mi opinión, una promesa cumplida para Panamá. También representa una administración de excelencia para el Canal de Panamá en un momento en que el liderazgo humano, técnico y estratégico vale más que nunca. Como colega, como ingeniero y como panameño, considero que es un orgullo para el cuerpo de ingenieros de Panamá.

Después de muchos años de ejercicio profesional, uno comprende que las grandes obras no dependen exclusivamente de cálculos o presupuestos multimillonarios. También dependen de personas capaces de unir excelencia técnica con humanidad, disciplina con humildad y autoridad con respeto genuino hacia los demás.

Panamá necesita instituciones fuertes. Pero las instituciones verdaderamente grandes aparecen cuando el conocimiento técnico y la calidad humana logran convivir en una misma persona.

El autor es ingeniero electromecánico.


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