En 2025 cumplió su décimo aniversario la encíclica Laudato Si’, dedicada por el papa Francisco a los peligros y a los motivos de esperanza que alientan en la crisis socioambiental que padecemos. Como sabemos, el papa adoptó el nombre de Francisco inspirado en el ejemplo de San Francisco de Asís (1181/1182-1226), en quien eran inseparables la preocupación por la naturaleza, la justicia con los pobres, el compromiso con la sociedad y la paz interior.
Desde esta perspectiva, Laudato Si’ advierte que el ambiente humano y el natural “se degradan juntos, y no podremos afrontar adecuadamente la degradación ambiental si no prestamos atención a causas que tienen que ver con la degradación humana y social”. Por lo mismo, “un verdadero planteo ecológico se convierte siempre en un planteo social, que debe integrar la justicia en las discusiones sobre el ambiente, para escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres”.
Para esta visión, al referirnos al “medio ambiente” se indica la relación que existe entre la naturaleza y la sociedad que la habita. Esto, agrega, “nos impide entender la naturaleza como algo separado de nosotros o como un mero marco de nuestra vida. Estamos incluidos en ella, somos parte de ella y estamos interpenetrados”.
Por ello, ya no es posible encontrar una respuesta específica e independiente para cada parte del problema. Es fundamental buscar soluciones integrales que consideren las interacciones de los sistemas naturales entre sí y con los sistemas sociales. No hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socioambiental. Las líneas de solución requieren una aproximación integral para combatir la pobreza, devolver la dignidad a los excluidos y, simultáneamente, cuidar la naturaleza.
Desde esta visión resulta evidente que, si deseamos un ambiente distinto, debemos construir sociedades diferentes, capaces de constituirse en la noosfera que demanda la sustentabilidad del desarrollo humano. Identificar esa diferencia y ejercerla es el mayor desafío que enfrenta la colaboración de las ciencias naturales y humanas, atendiendo a que, como dijera José Martí, “el mérito es de la verdad, y no de quien la dice”. Nuestro tiempo ha llegado: estemos a la altura en la construcción de las verdades que demanda.
El autor es humanista e integrante de Ciencia en Panamá.

