Recuerdo con cariño las retransmisiones de Rafael «Chéquele» Samudio. Teníamos que fiarnos de lo que él veía, y era tan brillante en su narración que nos hacía testigos de una realidad que no veíamos. La magia decaía cuando uno iba al estadio y escuchaba a Chéquele: el juego era otro, se disfrutaba la narración, pero la realidad le robaba protagonismo a las palabras. Pero eso era un juego de béisbol.
Desde las Garzas, pretenden hincharnos la cabeza con cifras, «datos que matan relatos», encuestas de percepción que se notan infladas, y si uno se quedara en la casa, disfrutando de la narración de la vida cotidiana del país, se podría fantasear con estar en el paraíso, pero basta con poner un pie en la calle para comprobar que las únicas cifras reales que conocemos son las de las largas filas de desempleados que mendigan un trabajo y las de los mercaditos de la miseria que abaratan la comida para la gente. Como viene siendo costumbre, el chenchén no llega, el «Panamá pa’ti», que tanto cacarean, le cayó a la primera dama, que tiene un presupuesto de más de cuatro millones para seguir con la caridad, que no es solución para ninguna sociedad.
Las cifras y los hechos no cuadran, porque cuando dicen que «dato mata relato» olvidan que no hay dato ni relato que pueda con la «realidad», que siempre supera a la ficción demoscópica y es muy necia. La miseria flota por los ríos de esta legislatura, y los que prometieron «paso firme» solo han conseguido que los ciudadanos estén pensando ya en elecciones.
«¡Óyeme, lo último lo traigo yo!»: por mucho que se esfuerce, este gobierno ya está amortizado. Es la constatación de que la previsibilidad de los «políticos de carrera» es altísima y que, en su arrogancia y juegavivo, solo están perpetuando un sistema de miseria, clientelar y corrupto. Salgan a ver el juego por ustedes mismos: vamos perdiendo desde el principio.
El autor es escritor.


