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La música urbana y la naturalización de la violencia

La música es una vía de expresión de los pensamientos del ser humano. Es un método que permite transmitir lo que se siente y lo que siente el ser humano tiene un valor único, ya que su experiencia es inimitable e irreemplazable. En virtud de esto, podemos resaltar que la música, como medio, es intrínseca al individuo. Cualquier limitación respecto a qué se dice en la música implica adentrarse en la creencia, idea, percepción, representación, pensamiento y comprensión del cantante y del oyente que frecuenta escuchar dicha música.

Ahora bien, no describir cómo se articulan esas representaciones en los individuos panameños sería un grave error que, por cierto, estamos cometiendo como sociedad.

En Panamá, los estudios sobre las implicaciones que tiene la música en la naturalización de ciertas conductas asociales son casi nulos, por no decir inexistentes. Los especialistas en Ciencias Sociales en Panamá han inhibido esta cuestión. Y, ¿por qué la relevancia de la música urbana y las representaciones sociales de los panameños? ¿Nos insinúa el escritor que la música provoca que el sujeto jale el gatillo? Afortunadamente, no. Los datos que expondré de la investigación realizada desde la Universidad del Istmo (UDI) no ofrecen respuestas causales. No hay una relación simple de causa y efecto; es más complejo.

Ahora bien, ¿por qué nos centramos en los jóvenes? Según un artículo publicado en Panamá en 2025, se estima que el 40% de los miembros de pandillas en Panamá están en edad escolar o en riesgo de ser reclutados. Además, en la región de América Latina y el Caribe —incluyendo Panamá, como indican los datos del Ministerio de Seguridad Pública—, el homicidio es la principal causa de muerte entre jóvenes de 10 a 24 años, representando casi el 28.7% de todas las defunciones en este rango de edad.

Como sabemos, la música juega un papel importante en la juventud. Es un método de validación social dentro de su entorno. Por lo tanto, ¿qué escuchan los jóvenes panameños? ¿Dónde radica la importancia de esto para una mejor prevención psicosocial? No es casualidad que productores como Jonathan Tovar (“Mista Bombo”), quien ha trabajado con artistas panameños de proyección internacional, señalen que “la música urbana es el espejo de lo que se vive día a día [en el barrio]”. Esto resulta relevante, ya que cualquier representación que tenga un individuo respecto a un tema particular influirá en su praxis de forma casi directa.

¿Acaso la música para los jóvenes no es un método de validación dentro de sus entornos sociales? Tal vez no sea la culpable directa, pero sí tiene parte en la cuestión. En la investigación antes mencionada, los jóvenes participantes afirmaban que la música que habitúan escuchar muchos jóvenes en Panamá no promueve una autorrealización positiva; por el contrario, señalan que fomenta el hedonismo a corto plazo, el dinero fácil y el consumismo, careciendo de un proyecto vital y ético.

Otra de las cuestiones señaladas por los jóvenes es que las imágenes más recurrentes asociadas a la música urbana están vinculadas con discotecas, bares, bailes, grupos de jóvenes y consumo de alcohol. También se resalta —e incluso se exalta— la visualización de escenas de pandillas, tiroteos y armas blancas.

Y no solo se visualiza violencia delictiva en las músicas urbanas, sino también la sexualización del cuerpo —con mayor prevalencia sobre la mujer—. Se presentan imágenes de movimientos sexualizados, escenas explícitas y cosificación femenina. Tampoco está de más mencionar que los jóvenes reconocen que se visualiza el uso de estupefacientes, cigarrillos y drogas como algo beneficioso para el individuo.

A un nivel más profundo, los jóvenes asocian estas canciones con imágenes de perdición, delincuencia, muerte y niños que pierden su niñez.

La importancia del contenido de la música es relevante, pero también lo son las representaciones sociales para cualquier medida de seguridad o salud pública que tomemos como sociedad. No se intenta analizar este fenómeno desde una crítica moral, sino más bien observar cómo se articulan las percepciones y representaciones de los consumidores de este tipo de música.

El autor es estudiante de psicología.


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