El ataque contra los sistemas de refrigeración de supermercados franceses, ocurrido durante la noche del 11 al 12 de octubre de 2026, es el origen de esta reflexión. Los atacantes alteraron el funcionamiento de equipos en cientos de establecimientos y obligaron a desechar alimentos frescos y congelados. Reuters informó que las pérdidas podían alcanzar decenas de millones de euros.

Este 2 de noviembre, nuevos incidentes afectaron sistemas de refrigeración de supermercados en Suecia, Bélgica, Luxemburgo, Irlanda y Estonia, según informó AP. Algunos establecimientos tuvieron que retirar o desechar alimentos. La repetición del problema amplía la preocupación más allá del episodio francés.

Pongámonos en los zapatos del industrial. Ha invertido millones en instalaciones, equipos y mercancía. Entonces, alguien interviene remotamente sus controles y compromete la conservación de los productos. La pérdida aparece en los estados financieros, pero también tiene una consecuencia inmediata para la comunidad: alimentos que estaban destinados al consumo terminan destruidos.

El episodio francés afectó a varias cadenas, entre ellas Intermarché, Netto, Carrefour y Coopérative U. Su alcance obliga a pensar en la vulnerabilidad de una infraestructura que participa diariamente en el abastecimiento de la población.

Reuters informó que no había podido establecer quién estaba detrás de los nuevos ataques ni si estaban relacionados con los ocurridos en Francia.

La pregunta es directa: ¿por qué permitir que una intervención informática tenga autoridad para destruir la cadena de frío?

Después de esta experiencia, debemos identificar aquellos procesos esenciales que pueden operar sin software, sin inteligencia artificial y sin conexión a Internet. También debemos determinar cuáles requieren alternativas independientes para continuar funcionando cuando falle su control habitual.

Una conexión a Internet no es imprescindible para toda función industrial. Cada conexión capaz de intervenir sobre un proceso esencial debe justificarse considerando las consecuencias de perder su control.

La advertencia también tiene respaldo técnico. El CERT-FR, organismo francés de respuesta a incidentes informáticos, alertó sobre compromisos de controladores de refrigeración y recordó que exponer sus interfaces de administración directamente a Internet contradice las buenas prácticas de seguridad.

Una experiencia conocida

A finales de los años ochenta participé personalmente en la instalación de receptores de radiofrecuencia para controlar sistemas de aire acondicionado en cerca de cuatro mil viviendas vinculadas a las instalaciones militares estadounidenses en el Canal de Panamá.

Desde un solo punto se transmitían órdenes. Los receptores respondían a códigos y horarios específicos, según los grupos de viviendas. Su función era concreta: reconocer una señal y accionar el relé correspondiente.

Esa experiencia demuestra que el mando centralizado de equipos distribuidos puede resolverse mediante funciones delimitadas. Encender, apagar o habilitar una secuencia no exige, por sí mismo, conectar el equipo a Internet ni incorporar inteligencia artificial.

Para las funciones que pueden resolverse enteramente mediante circuitos dedicados, mi propuesta es prescindir del software y de la IA en la cadena de mando.

La velocidad es suficiente

Tampoco debemos confundir simplicidad con lentitud.

La respuesta de los relés electromecánicos puede darse en el orden de milisegundos. Con una selección adecuada de los componentes y del enlace de mando, el tiempo de respuesta puede satisfacer las necesidades de estas funciones. La rapidez no es, por tanto, el obstáculo para controlar los equipos que mantienen nuestros bienes esenciales en buen estado y al servicio de los ciudadanos.

La refrigeración necesita respetar temporizaciones y secuencias de protección: responder rápidamente a una orden no significa arrancar indiscriminadamente un compresor.

La velocidad debe corresponder a la necesidad física del proceso. En estas funciones, no constituye una razón para imponer una dependencia informática central.

Proteger el frío con autonomía

La arquitectura propuesta se basa en tres elementos: control local autónomo, telemando dedicado por radiofrecuencia y respaldo electromecánico local. Su viabilidad debe evaluarse para cada instalación y sus requisitos de operación y seguridad.

Una consola emisora transmite órdenes limitadas a receptores instalados en los establecimientos. Cada receptor acciona las funciones previstas. Los termostatos, presostatos, temporizadores, contactores y protecciones mantienen las condiciones necesarias para operar los equipos.

La red corporativa puede registrar información, pero la conservación de la mercancía debe poder continuar cuando esa red quede fuera de servicio.

Cuando se mantengan controles digitales, también deben protegerse: Danfoss recomienda separar las redes de control y seguridad de la red empresarial, restringir las conexiones externas y proteger el acceso remoto. La autonomía propuesta debe acompañarse de estas medidas en los componentes que continúen conectados.

Si falla el telemando o aparece una condición que exige intervención, el personal autorizado conmuta físicamente al modo manual. Un indicador local muestra claramente el estado seleccionado. Las protecciones y los enclavamientos permanecen activos.

La radiofrecuencia requiere prever interferencias, transmisiones no autorizadas y pérdida de señal. Por eso, la autonomía local y el respaldo probado forman parte esencial de la propuesta.

Los reportes tienen su propio circuito

Alguien preguntará cómo se enviarán los reportes de faltantes o cómo se llevará el inventario.

Mediante escáneres y los sistemas destinados a esas tareas. Incluso pueden emplearse dispositivos electromecánicos para determinados conteos de movimientos o unidades.

La necesidad de registrar mercancía no justifica que el sistema de inventario tenga autoridad sobre la continuidad de la refrigeración. Si falla la facturación, habrá que recuperar la facturación. Si falla el inventario, habrá que reconstruir sus registros. Mientras tanto, los alimentos deben permanecer conservados.

El ser humano en el sitio

Paradójicamente, en un momento en que muchas personas advierten que la inteligencia artificial, combinada con el software, desplazará empleos, esta experiencia nos recuerda cuánto dependemos del ser humano presente en las instalaciones.

Hoy, como nunca antes, necesitamos reconocer el valor de quienes inspeccionan los equipos, identifican una condición anormal, verifican lo que realmente está ocurriendo y actúan localmente para proteger los bienes que sostienen nuestra vida.

Un operador preparado puede comprobar la temperatura, revisar una protección y conmutar al respaldo manual. Para ello necesita autoridad, capacitación y medios de intervención. Su presencia forma parte de la continuidad del servicio.

Al diseñar estas instalaciones debemos preservar esa capacidad humana. Disponer de un mando manual exige contar también con alguien que sepa cuándo y cómo utilizarlo.

Alimentos y agua: una responsabilidad mayor

El daño económico de una empresa es grave. La destrucción de alimentos añade una dimensión social: reduce la mercancía disponible en los establecimientos afectados, obliga a reponerla y puede dificultar el abastecimiento local.

El caso francés demuestra un riesgo concreto para la cadena de frío. Extender esta reflexión al agua es una exigencia preventiva: las funciones esenciales de bombeo, tratamiento y suministro también necesitan alternativas de operación apropiadas para sus procesos.

No sabemos cuándo un atacante podría emplear agentes de inteligencia artificial para intentar identificar accesos vulnerables, intervenir controles o ampliar una intrusión. El episodio francés no demuestra que se haya utilizado IA; demuestra que una intervención remota puede destruir alimentos. Esa experiencia basta para revisar nuestras dependencias.

No podemos aceptar que la disponibilidad de alimentos o agua quede enteramente subordinada a una plataforma informática, a decisiones de una IA o a la posibilidad de que un intruso tome el control remoto de los equipos.

Por eso debemos disponer de opciones electromecánicas, enlaces dedicados de radio y mandos manuales locales donde sean necesarios, con personal preparado para operarlos.

La continuidad debe incorporarse al diseño y comprobarse mediante pruebas reales: desconectar la red corporativa, interrumpir el enlace de mando y verificar que los controles locales y el respaldo responden como fueron previstos.

El industrial necesita una respuesta concreta sobre qué seguirá funcionando cuando fallen sus sistemas centrales. La población necesita que esa respuesta incluya la conservación de sus alimentos y la continuidad de sus servicios esenciales.

La computadora puede quedar fuera de servicio. Debemos tener cómo conservar la comida y suministrar el agua.

Eso no es negociable.

El autor es ingeniero electromecánico.