Exclusivo

La imposible realidad que nos reside

Ayer se presentó en las instalaciones del Ministerio de Cultura el libro de cuentos: Los gorriones de Mao. Tuve la oportunidad de compartir impresiones y experiencias de la obra con el novelista Dimitrios Gianareas y el autor Gonzalo Menéndez en un entusiasta conversatorio. Estas palabras son parte del prólogo que escribí para el libro.

Los gorriones de Mao, de Gonzalo Menéndez, conjunto de ocho cuentos que merecieron el premio único del Tercer Concurso Nacional de Literatura Ornel Urriola Marcucci 2025, no se puede leer sin sentir una incomodidad inmensa con la realidad. Una insoslayable realidad que nos habita desde la ficción.

Conocemos las peripecias de Gonzalo Menéndez como escritor. Sabemos la seriedad con que aborda desde la literatura temas escabrosos y existenciales. En esta ocasión nos entrega ocho relatos que, desde realidades imposibles e inverosímiles, son una forma de mirar de frente aquello que preferiríamos ignorar: la violencia soterrada, la migración desesperada, la censura y la injusticia que se disfraza de legalidad.

Al adentrarnos en estas páginas, nos encontramos con un universo narrativo espeso, construido con oficio y sensibilidad poética. Citaré tres cuentos como ejemplo. En Los gorriones de Mao, el cuento que inicia el libro y le da el título, y que es el mejor relato para nosotros, un hombre camina hacia una protesta por la falta de medicinas que mató a Enya, su amada.

El cuento entrelaza el recuerdo amoroso con la historia de la campaña de las Cuatro Plagas en la China maoísta, donde el exterminio de gorriones provocó un desastre ecológico y una hambruna.

En Loro Náhuatl Vásquez el narrador viaja como inmigrante junto a Náhuatl, un guatemalteco con discapacidad intelectual que repite eslóganes publicitarios. Durante el salto a “La Bestia”, el tren que lleva migrantes al norte, Loro es arrastrado y se pierde. Años después, en Estados Unidos, el narrador cree reconocerlo en una foto de deportados, pero niega conocerlo por miedo. La migración deshumaniza incluso el recuerdo y el miedo destruye la identidad.

En Cartas a la nada, la profesora Milena confiesa a un periodista su obsesivo amor por un alumno, Pier Luiyi, a quien cree convertido en un astronauta apodado Tate. Al final, el barman revela que él es ese hombre: no es astronauta, sino cantinero. La historia del cosmonauta fue un engaño. El amor, la memoria y el deseo chocan contra la realidad más pedestre, contra una ironía fabricada para desenmascarar la vida como una broma.

El resto de los cuentos dejan constancia de que Gonzalo sabe construir tramas y personajes con un pulso narrativo que atrapa desde la primera línea. No hay concesiones al facilismo: los finales, a menudo amargos, son los únicos posibles dada la lógica interna de cada historia. En cuanto a la forma, el lenguaje y las descripciones no son meros adornos o alardes de palabras.

La naturaleza, por ejemplo, está muy presente y su tratamiento en los cuentos le da cierta personificación: es otro personaje más, a veces cómplice, a veces verdugo. La denuncia social en estos cuentos no es panfletaria. Se filtra a través de imágenes poderosas de palabras, referentes culturales y la tradición: los gorriones que mueren exhaustos por el ruido, los juegos de infancia, fotografías de famosos como un catálogo de sospechosos, anuncios comerciales son representaciones simbólicas que se fusionan con la violencia, la injusticia, la censura y la migración forzada.

Un tema recurrente en las ficciones de Gonzalo es el papel de la memoria. Los personajes viven anclados a recuerdos que los sostienen o los destruyen: el hombre que evoca a Enya entre gorriones, el recluso que se refugia en su infancia, la profesora que escribe cartas a un amor inexistente, el hombre que será declarado culpable y construye sus escenas de recuerdos para sobrevivir. La memoria es, en estos cuentos, el último territorio de libertad.

Cuentos imposibles es un libro necesario leer en estos tiempos. En un panorama literario a menudo inclinado al entretenimiento, lo frívolo y la evasión de temas políticos, Gonzalo Menéndez nos obliga a mirar lo que duele: la injusticia, la pérdida, la soledad del migrante, la arbitrariedad del poder. Pero lo hace con una prosa cuidada, con unas imágenes trabajadas, pensadas, para que el lector recupere el sentido de solidaridad.

Así es la literatura de Gonzalo Menéndez. Un arte responsable con la vida y el lenguaje. Un arte donde se exploran la violencia política y la pérdida personal, la memoria y la identidad, la oralidad y lo lúdico para responder a la incertidumbre social, a la crisis y al miedo. Gonzalo, nos regala un racimo de historias que entrelazan el amor, la cultura, la tradición, la memoria, la naturaleza y la resistencia; cuentos que cuestionan la imposible realidad que nos reside en lo más hondo de la existencia.

El autor es escritor.


LAS MÁS LEÍDAS

  • Precios de los combustibles disminuirán a partir del viernes. Leer más
  • Félix Paz Moreno, exabogado de Martinelli, es designado Defensor del Pueblo adjunto. Leer más
  • Aprehenden a exdirector de la AIG Luis Oliva por presunto enriquecimiento injustificado. Leer más
  • Sale de prisión el exalcalde de Colón, Dámaso García: el presidente Mulino le rebajó su pena. Leer más
  • Apagón causado por planta termoeléctrica de la mina afectó interconexión entre Guatemala y México. Leer más
  • Contraloría retira a sus fiscalizadores de la Unachi y centraliza controles en David. Leer más
  • Cúpula de la Unachi mantiene a la rectora en el poder: quiénes son y cuánto ganan. Leer más