La búsqueda del alto rendimiento en las inversiones es una motivación que sustenta a las loterías, los casinos y los juegos de azar callejeros. Cuando las personas arriesgan su patrimonio a cambio de “ingresos garantizados” o de negocios que no pueden tener pérdidas, es vital que las autoridades reguladoras y supervisoras entren en acción. No se puede aceptar que los estafadores o los gestores de pirámides abusen del sistema legal, y que ingenuos inversionistas nacionales y extranjeros pierdan su capital, y la reputación del país se manche con otro escándalo. Toda la sociedad pierde cuando alguien es estafado y, aunque todos los días nace un tonto, la institucionalidad pública y privada debe proteger al más desprevenido frente a los timos y engaños mercantiles. El comercio sano y el capital de riesgo enriquecen a toda la nación. No podemos permitir que se use el nombre de Panamá o que con los vacíos de las leyes vigentes, prolifere la mala astucia de los ladrones de sueños. Ese no es el país que queremos construir los panameños.
