Han transcurrido cinco meses desde la declaración de la laguna de Matusagaratí como área protegida, y el Estado panameño ha incumplido su responsabilidad de titular las tierras comprendidas por este ecosistema. Es preocupante que este humedal, el más grande del país, y de una importancia de primer nivel por su biodiversidad única en el mundo, haya sufrido una pérdida de su superficie por la deforestación, la ganadería, el cultivo de arroz y de palma aceitera. Si no se delimita este valioso recurso que nos pertenece a todos, existe el riesgo de que el deterioro aumente y los panameños quedemos sin uno de los tesoros más excepcionales en el planeta. Las áreas protegidas se establecen como una inversión para el futuro del país, y como una reserva que garantice nuestro presente con aire puro, abundante agua y múltiples especies que nos benefician y nos identifican como nación. La laguna de Matusagaratí necesita de su plan de manejo y de una delimitación en campo de sus linderos. Es tiempo que el Estado cuide verdaderamente lo que es de todos. Las próximas generaciones, que sufrirán las consecuencias, no nos lo perdonarán.
