Ascanio Vergara, de 12 años, vio caer las paredes de su casa en Rusia, en Mata Oscura, Veraguas. Después ayudó a su padre a levantar una galera. En Pozo Azul, Penonomé, otras familias buscan terrenos donde reconstruir sus viviendas. Ambas situaciones exigen una respuesta que trascienda la entrega de materiales. Muchas familias construyen poco a poco, con los recursos y conocimientos disponibles. Pero cambiar la quincha por bloques no garantiza seguridad. Importan el terreno, el diseño, los refuerzos y la ejecución. Aquí deben aparecer los gobiernos locales y sus departamentos de ingeniería municipal. La descentralización también consiste en dotarlos de profesionales, presupuesto y capacidad para evaluar terrenos, orientar a las familias, supervisar las obras y exigir el cumplimiento de las normas. La reconstrucción debe fortalecer esa presencia municipal. No basta encontrar otro lote: hay que comprobar que sea adecuado para habitarlo. La pobreza no puede condenar a una familia a levantar, con sacrificio, una casa cuya seguridad nadie la ayudó a garantizar. Tener techo debe significar contar con protección.