Han pasado 49 años desde aquellos días en que exigíamos un debate nacional, con libertades democráticas y sin represión, sobre los Tratados del Canal de Panamá, conocidos como Tratados Torrijos-Carter, firmados en Washington el 7 de septiembre de 1977.

Este mes de septiembre es una oportunidad para recordar algunos hechos ocurridos hace 49 años en la Universidad de Panamá y, particularmente, la lucha contra los Tratados Torrijos-Carter durante septiembre y octubre de 1977. En ella participamos organizaciones estudiantiles opositoras al régimen militar, el Movimiento de Abogados Independientes y el Comité de Derechos Humanos, en medio de lo que burlonamente se llamó “el veranillo democrático”, período durante el cual se logró abrir un portillo para las libertades públicas.

Este artículo recoge parte de la presentación del libro que escribí en 2022 y que titulé El veranillo democrático de Omar Torrijos y nosotros. Creo que los políticos opositores a Torrijos, en su gran mayoría, desconocieron ayer y desconocen hoy las libertades públicas que impulsó Torrijos, obligado por la realidad nacional e internacional, y que sus seguidores no entendieron durante aquel debate canalero. Pero la oportunidad se nos brindó a los grupos opositores universitarios de la Facultad de Derecho: Círculo Camilo Torres (CCT), Vanguardia Popular (VANPOP), Liga Socialista Revolucionaria (LSR) y un nutrido grupo de estudiantes independientes, cuando aceptamos, pese a los sectarismos políticos, dialogar con Omar Torrijos aquel 14 de septiembre de 1977 para exigirle amplias libertades públicas para el debate de los Tratados de 1977 y, posteriormente, impulsar la democratización del país. Esto permitió a los panameños expresarse con libertad y movilizarse sin el miedo a la represión de los primeros años de la “dictadura dura”.

Fuimos atrevidos. Torrijos inició el “veranillo democrático” con los estudiantes opositores a su gobierno y luego no pudo detenerlo ante el torrente de reclamaciones populares. Primero, cumpliendo las promesas hechas a los estudiantes en aquella conversación histórica del 14 de septiembre y, luego, con sus reformas constitucionales iniciales de 1978. El general Rubén Darío Paredes, comandante de la Guardia Nacional, junto con el presidente Ricardo de la Espriella, culminó en parte ese proceso con el famoso “repliegue militar” que Torrijos había prometido en 1978, impulsando nuevas reformas constitucionales llevadas a referéndum en abril de 1983.

Lo que vino después de 1984 fue la ambición de poder de las Fuerzas de Defensa y del general Manuel Antonio Noriega, junto con los civiles que los apoyaron. Las desgracias del país se retratan en los años 1984, 1985, 1986, 1987, 1988 y 1989, y culminaron con la intervención norteamericana del 20 de diciembre de 1989. Si el “entendimiento nacional” que el Partido Nacionalista Popular (PNP) planteó en su momento a todos los partidos políticos, a la Guardia Nacional —luego Fuerzas de Defensa— y a la sociedad en su conjunto se hubiese concretado, el país y los panameños no nos habríamos tropezado con tantos males nacionales.

Escribir sobre los años de la “dictadura dura” y la “dictadura con cariño” que vivimos, y conocer los testimonios de valiosos compañeros que libraron batallas democráticas y cívicas entre 1970 y 1984, abriendo y empujando puertas y ventanas, y construyendo puentes y caminos durante aquel “veranillo democrático” que inició Torrijos con los opositores al régimen militar atrincherados en la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de Panamá, no es una tarea fácil. Pero debemos realizarla quienes participamos o fuimos testigos, sin complejos y con las verdades que debemos sacar a la luz para que los panameños conozcan cómo llegamos a forjar el retorno a la democracia panameña, pese a todas sus imperfecciones.

No pretendemos endiosar a Torrijos por ese “veranillo democrático” que inició con nosotros, los universitarios. No necesita más altares. Él pasará a la historia por haber culminado la tarea histórica inconclusa de los próceres de 1903, llamada la “lucha generacional” y que Torrijos remachó como el “alpinismo generacional”. Y ello, a pesar de todos sus errores y de los muertos, exiliados y encarcelados de la “dictadura dura”.

El “cara a cara” con Torrijos, aquel 14 de septiembre de 1977, hizo llegar el no patriótico a toda la geografía nacional. Más tarde, las primeras “marchas de los cuatro gatos” se tomaron las calles y el parque de Santa Ana, en octubre de 1977, quitándole el reumatismo cívico que tenía postrados a los panameños. Y esa “curación” la iniciamos en la Facultad de Derecho de la Universidad de Panamá, gracias al “veranillo democrático” que logramos con Omar Torrijos Herrera.

El autor es político, exdirigente estudiantil y diplomático.