La industria fintech ha dejado atrás su fase más volátil para entrar en una etapa de madurez que redefine sus reglas de creación de valor. Tras años de crecimiento acelerado, exuberancia de capital y posterior ajuste, el sector se encuentra hoy en una quinta etapa, o era, caracterizada por un equilibrio más exigente entre escala, rentabilidad y disciplina operativa. Es un cambio que marca el paso de una narrativa de disrupción a una de consolidación estratégica.
En un reciente artículo publicado en conjunto con QED Investors, McKinsey & Company afirma que, en 2025, las fintech generaron aproximadamente 650 mil millones de dólares en ingresos globales, creciendo a un ritmo cercano al 21% anual, muy por encima del 6% del sistema financiero tradicional. Aun así, su penetración alcanza apenas el 4% del total de ingresos del sector financiero, lo que revela una paradoja relevante. La industria ha crecido con rapidez, pero su espacio de expansión sigue siendo amplio. De mantenerse esta trayectoria, podría alcanzar los 2 millones de millones de dólares (trillions en inglés) hacia 2030.
Las primeras etapas y el estado actual
Este momento de inflexión no puede entenderse sin considerar su evolución. La primera etapa, desde finales de los noventa, fue la de los pioneros. Luego vino una fase de expansión acelerada, seguida por un auge de capital sin precedentes en 2021 y 2022. El ajuste posterior, impulsado por tasas de interés más altas y mayor escrutinio sobre la rentabilidad, eliminó a los actores menos sólidos. Hoy, el sector emerge más concentrado, más rentable y más selectivo en su crecimiento.
El capital ha regresado, aunque de forma distinta. Desde 2023, la inversión aumentó más de 40%, pero se ha concentrado en extremos. Por un lado, grandes fintech consolidadas con economías probadas. Por otro, nuevos jugadores con propuestas disruptivas basadas en inteligencia artificial (IA) o activos digitales. En el centro, las fintech de escala media enfrentan crecientes dificultades para financiar su expansión. Esta polarización redefine la competencia y eleva el estándar de ejecución.
Cuatro tendencias que configuran la siguiente era del sector
La primera es la inteligencia artificial, que actúa como catalizador transversal. La velocidad de desarrollo de productos se ha comprimido de años a semanas, mientras los costos operativos disminuyen de forma significativa. La IA permite atender segmentos antes inviables económicamente y está erosionando las ventajas históricas de los incumbentes. Sin embargo, también reduce las barreras de entrada, generando una nueva ola de competidores. El resultado es un entorno donde la ventaja es dinámica y exige reinvención constante.
La segunda tendencia es la consolidación de los activos digitales como infraestructura financiera. Las stablecoins y los depósitos “tokenizados” están redefiniendo el movimiento de dinero, con liquidaciones casi instantáneas y costos marginales cercanos a cero. Aunque el volumen transaccionado alcanza cifras extraordinarias, cerca de 35 billones de dólares en 2025, apenas una fracción corresponde a pagos reales, lo que indica que su potencial de adopción en la economía real sigue en etapas tempranas. Las proyecciones apuntan a un crecimiento acelerado hacia el final de la década.
La tercera tendencia es el cambio en la relación con la regulación. Las licencias bancarias, tradicionalmente vistas como barreras, se están convirtiendo en herramientas estratégicas. Permiten acceso a fondeo más barato, fortalecen la confianza del cliente y amplían el alcance de los modelos de negocio.
La cuarta tendencia es el auge de las fintech horizontales, aquellas que no compiten directamente con instituciones financieras, sino que las habilitan tecnológicamente. Estas empresas representan ya el 13% de los ingresos del sector y han crecido más rápido que las fintech tradicionales. Su rol como facilitadores de transformación interna las posiciona como actores clave en la modernización del sistema financiero, especialmente para instituciones que carecen de escala o recursos para innovar por sí mismas.
Crecimiento + disciplina
Estas cuatro fuerzas convergen en una nueva lógica de competencia. Ya no se trata únicamente de innovación en producto porque la diferenciación se traslada hacia la distribución, la confianza y la capacidad de operar bajo estándares regulatorios cada vez más exigentes.
La siguiente era de la fintech tendrá como definición la mezcla entre crecimiento con disciplina. Está claro que la industria ha superado su fase experimental. Ahora enfrenta un reto más complejo: construir instituciones duraderas en un entorno donde la tecnología acelera todo y perdona poco. En ese equilibrio se definirá el liderazgo de los próximos 10 años.
El autor es socio senior y líder de la práctica de Banca e Instituciones Financieras para Latinoamérica, McKinsey & Company


