Un estudiante de maestría de la Universidad Tecnológica de Panamá (UTP) fue golpeado y amenazado con un arma de fuego. Lo despojaron de una computadora, un teléfono, sus lentes y el carné universitario. Perdió miles de dólares en equipos y documentos. La investigación sigue abierta.
Anika Batista, presidenta del Centro de Estudiantes, declaró a La Prensa que hace un semestre recibían entre dos y cuatro reportes diarios de robos. Ella lo resume así: te quitan todo lo que tenías para estudiar.
Un celular de $200 o una computadora de $400, cifras que cita Batista, son herramientas indispensables y representan un gasto importante para una familia modesta. Quien tiene ahorros repone el equipo y sigue. Quien no, se atrasa, pide prestado o abandona. La inseguridad se convierte, en la práctica, en un filtro que expulsa primero a los estudiantes más vulnerables, justo a los que más necesitan la universidad pública. Al costo material se suma el emocional. Tras un asalto violento, suelen aparecer insomnio, ansiedad y miedo a volver al lugar del hecho. Estos jóvenes, sin embargo, deben regresar a la misma parada, a la misma hora.
Hablemos del joven que no estudia ni trabaja. Según la encuesta laboral del Instituto Nacional de Estadística y Censo (INEC), los ninis de 15 a 29 años pasaron de 238,851 en agosto de 2023 a 252,894 en octubre de 2024. Casi dos de cada tres son mujeres. Un informe del Ministerio de Trabajo y Desarrollo Laboral (Mitradel) de 2025 calcula que uno de cada cuatro jóvenes es nini, mientras que el 46% trabaja y el 29% estudia. El desempleo juvenil subió al 19.9% en septiembre de 2025.
Un informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), publicado en agosto de 2026, señala que más de 257 millones de jóvenes en el mundo, uno de cada cinco, no estudian, no trabajan ni reciben formación. Más de dos tercios son mujeres. Un informe del Banco Mundial de 2016 vinculó el fenómeno con el crimen en contextos como Colombia, México y Centroamérica, donde las bandas reclutan con facilidad a jóvenes sin estudio ni empleo. Es una relación de riesgo que depende del contexto.
En física, un multiverso es la hipótesis de universos que existen a la vez, con sus propias reglas, sin tocarse. En Panamá hay dos juventudes en el mismo país, pero en mundos distintos: la que logra sostener una carrera, con teléfono, computadora y una familia que la respalda, y la que quedó fuera del aula y del empleo. Solo el 29% estudia. Esa brecha no solo sale de las estadísticas. Se refleja en la calle. Segrega a quienes tienen algo que proteger de quienes sienten que no tienen acceso a nada. Cada asalto ensancha esa distancia.
El Banco Mundial documentó que cerca del 60% de los ninis latinoamericanos provienen de hogares pobres o vulnerables. El origen social sí pesa en qué lado queda cada joven. Una sociedad que reparte así la oportunidad distribuye también el miedo. Unos se blindan; otros se sienten expulsados.
Gilbert Houngbo, director general de la OIT, sostiene que excluir a los jóvenes del empleo de calidad le cuesta a un país talento, productividad y cohesión social. Esa cohesión es lo que se rompe cuando una generación se parte en dos.
Las respuestas oficiales se quedan cortas. La Policía esgrime que no entra a las universidades por su autonomía y pide reformar la ley para tratar como robo agravado la posesión de equipos robados. Hay un marco legal para el robo con arma; lo que hay que revisar es qué tan bien hace su trabajo la fiscalía. Las cámaras y los botones de emergencia ayudan. No sustituyen una investigación que termine en condena.
El problema se hizo visible en la UTP. No es el único lugar donde ocurre. Revertirlo exige puentes entre los dos mundos: paradas iluminadas y vigiladas; fiscales que persigan la reventa de equipos robados; apoyo y reposición de equipos para becarios; y un registro público de deserción con su causa.
La permanencia universitaria se decide en cada parada oscura y en la decisión de alumbrarla.
Convirtamos el multiverso de la juventud panameña en un universo con espacio para todos.
La autora educadora y es expresidenta de la Junta Nacional de Escrutinio.