El inicio de 2026 me llena de entusiasmo. A partir de ese momento, nuestro país podría volver a vivir un auge laboral similar al de 2010 a 2017, cuando en promedio crecimos a una tasa del 7.3% y mantuvimos una tasa de desempleo no mayor al 4.8%.
Pero mi entusiasmo es responsable y cauto, porque debemos prepararnos para que esta nueva oportunidad sea la base de un desarrollo sostenido y duradero, que traduzca el crecimiento económico en empleo formal y que tenga como uno de sus resultados una mayor recaudación y la consecuente mejora de las finanzas públicas.
A continuación, paso a explicar los fundamentos de mi pronóstico.
Por un lado, el presupuesto estatal de inversiones para 2026 asciende a $11,000 millones. En ese monto, además de las tradicionales inversiones relacionadas con salud y educación, se incluyen el Cuarto Puente sobre el Canal, la Línea 3 del Metro y el primer tramo del tren Panamá–Pacífico–Divisa.
Por otro lado, la Autoridad del Canal de Panamá ejecutará proyectos colosales: Río Indio, por $1,500 millones; dos puertos, Corozal y Telfers, por $2,600 millones; así como el gasoducto, que creará un corredor energético y cuya inversión variará entre $4,000 y $8,000 millones.
Es decir, entre el Gobierno Central y el Canal, el total de inversiones fluctuará entre $20,000 y $24,000 millones en los próximos seis años: una magnitud sin precedentes recientes.
¿Cómo nos prepararemos para que esa inversión sea realmente la base del desarrollo sostenido y duradero que he mencionado?
Es un reto que exige comprender y afrontar nuestra realidad laboral actual, caracterizada por tres elementos fundamentales.
Primero, el desempleo, tras el cierre de la mina en 2023 y el de Chiquita en mayo de 2025, aumentó del 7% al 10% en apenas dieciocho meses de gestión del presidente José Raúl Mulino.
Segundo, la informalidad laboral roza ya el 50%.
Tercero, de acuerdo con estudios del Ministerio de Trabajo y de la ONU, uno de cada cuatro jóvenes, entre 15 y 29 años, no estudia ni trabaja.
Como estudioso y pragmático del sector laboral, propongo rescatar la educación y la formación, pues mientras continúen en su estado actual, seguiremos importando profesionales para satisfacer las necesidades de algunos empleadores y se acentuará la división entre trabajos bien remunerados en la franja interoceánica y salarios insuficientes en el resto del país.
En este contexto, subrayo el caso puntual del ITSE. Se trata de un instituto valioso que ofrece educación de ciclo corto altamente pertinente, al formar jóvenes para posiciones específicas que el mercado laboral requiere.
Hoy enfrenta una crisis marcada por la reducción de su presupuesto y el presunto envío a vacaciones forzosas de su rectora, en medio de una auditoría de la Contraloría General de la República.
Invito a su Consejo Directivo a resolver esta situación con prontitud, por el bien del país, y a reactivar la Alta Comisión de Empleo, presidida por el Ministerio de Trabajo y Desarrollo Laboral, para redefinir las acciones que permitan anticipar y atender las necesidades de talento humano que el mercado laboral exigirá.
El autor es exministro de Trabajo y Desarrollo Laboral.

