Panamá no enfrenta solamente una tasa elevada de desempleo. Enfrenta una desconexión entre crecimiento, inversión y oportunidades laborales. La economía creció 4.4% en 2025 y 4.8% en el primer trimestre de 2026, según el Instituto Nacional de Estadística y Censo (INEC). Sin embargo, la tasa de desempleo subió de 9.7% en 2024 a 10.4% en 2025: 227,302 personas buscaban trabajo sin encontrarlo.
Estos datos obligan a evitar una conclusión simplista: la economía no está paralizada, pero su expansión no está generando empleo al ritmo ni con la amplitud que necesita la población activa. Además, el 47.1% del empleo no agrícola era informal. El desafío, por tanto, no consiste únicamente en crear ocupación, sino empleo formal, productivo y sostenible.
El entorno internacional tampoco ayuda. Las guerras, las tensiones comerciales y la fragmentación geopolítica elevan costos, retrasan decisiones y vuelven más selectivo al capital. Pero atribuir el problema solamente al exterior sería insuficiente. La inversión extranjera directa recibida por Panamá cayó de $2,454 millones en 2024 a $905 millones en 2025, según cifras oficiales del INEC. Esa contracción del 63% exige revisar también los factores internos que influyen en una decisión de inversión: certeza jurídica, tiempos de aprobación, infraestructura, disponibilidad de talento y estabilidad de las reglas.
Desde una perspectiva empresarial, la primera política de empleo es recuperar la inversión. Panamá necesita una agenda de facilitación que mida resultados: cuánto demora abrir y operar una empresa, obtener permisos, conectar servicios, movilizar mercancías y resolver controversias. Cada trámite innecesario consume capital que podría destinarse a contratar, capacitar o expandir operaciones. Una ventanilla única debe ser realmente única, digital y sujeta a plazos verificables.
La segunda respuesta es concentrarse en sectores con capacidad de multiplicar empleos. Logística, turismo, agroindustria, construcción, servicios financieros, tecnología, economía digital, industrias creativas y servicios empresariales exportables pueden conectar las ventajas del país con empleos de distintos niveles de calificación. No se trata de escoger ganadores, sino de remover obstáculos sectoriales y construir proyectos de inversión con encadenamientos locales. Toda gran inversión debería abrir oportunidades para proveedores, pymes y talento panameño.
La tercera es reducir el costo y el riesgo de la primera contratación formal. Para una micro o pequeña empresa, incorporar a una persona puede ser una decisión difícil por los costos administrativos y la incertidumbre. Simplificar la formalización, facilitar el acceso a crédito y establecer incentivos temporales, focalizados y evaluables para contratar jóvenes, mujeres y desempleados de larga duración puede acelerar la entrada al mercado laboral sin convertir el incentivo en subsidio permanente.
La cuarta es cerrar la brecha entre educación y trabajo. El Banco Mundial advierte que la oferta educativa debe alinearse mejor con las necesidades del mercado y que solo el 20% de los jóvenes obtiene un título de educación superior. La formación dual, las certificaciones cortas y las alianzas entre empresas, universidades e institutos técnicos deben responder a vacantes reales, especialmente en inglés, competencias digitales, logística, ventas y oficios técnicos.
Una quinta línea de acción consiste en acelerar proyectos de infraestructura con capacidad comprobable para elevar la productividad: agua, energía, movilidad, puertos, conectividad digital y saneamiento. Su valor no debe juzgarse solamente por los empleos generados durante la construcción, sino por cuánto reducen posteriormente los costos de producir e invertir. Para lograrlo, se requieren licitaciones transparentes, cronogramas realistas, financiamiento responsable y participación privada bien estructurada. La certeza en la ejecución también moviliza proveedores nacionales y reactiva economías locales, con beneficios duraderos para la economía.
También hay señales positivas: en el primer trimestre de 2026 se registraron 84,067 contratos laborales, 25.2% más que un año antes. Sin embargo, un contrato registrado no siempre representa una plaza nueva y buena parte corresponde a modalidades temporales. La meta debe medirse por empleos netos, formales y sostenibles, no solo por trámites procesados.
El empleo no se crea mediante discursos ni por decreto. Lo crean empresas que invierten, crecen y encuentran personas preparadas para producir. El papel de una política pública moderna es construir las condiciones para que eso ocurra. Panamá necesita convertir nuevamente la confianza en inversión; la inversión, en empresas; y el crecimiento, en oportunidades reales para todos los panameños.
El autor es socio líder de Deloitte Panamá.


