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Con vuelo firme

Con vuelo firme
El presidente de la República, José Raúl Mulino, ya llegó a Paraguay, su primer viaje oficial al extranjero. Cortesía

En la política, las palabras pesan. Las consignas no son simples adornos; son promesas condensadas, compromisos públicos que buscan conectar con las aspiraciones de un pueblo. “Con paso firme” ha sido una de esas frases que evocan seguridad, dirección y constancia. Sin embargo, en la práctica, muchos panameños comienzan a preguntarse si ese paso firme no se ha convertido, más bien, en un “vuelo firme”, constante hacia el exterior, mientras las realidades internas esperan atención. Tras las recientes declaraciones del presidente, quizás en tono desafiante y arrogante, donde garantiza que seguirá viajando, su lema de gobierno se queda en el aire.

El gobierno del presidente ha marcado su agenda con una notable presencia internacional. Viajes oficiales, encuentros diplomáticos, foros multilaterales y reuniones estratégicas forman parte de la dinámica de cualquier mandatario moderno. Nadie puede negar la importancia de posicionar a Panamá en el escenario global, atraer inversiones y fortalecer relaciones internacionales. En un mundo interconectado, el aislamiento no es una opción.

Pero gobernar también implica equilibrio. Y es ahí donde surge la inquietud ciudadana. Mientras los aviones despegan y aterrizan en distintos destinos, en el territorio nacional persisten problemas que no pueden esperar. Las comunidades más vulnerables siguen enfrentando carencias en servicios básicos, el desempleo golpea a muchas familias y sectores como la salud y la educación reclaman respuestas urgentes y sostenidas. Solo hace escasos días, un estudiante en la comarca perdió la vida ahogado en una creciente de río por ausencia de puentes.

La percepción de desconexión se fortalece cuando el ciudadano común siente que su realidad no forma parte de la agenda prioritaria. El vendedor ambulante que lucha cada día por sostener a su familia, el joven que no encuentra oportunidades laborales, la madre que recorre centros de salud en busca de atención para su hijo, todos ellos necesitan más que discursos; necesitan presencia, gestión y soluciones concretas.

No se trata de cuestionar la diplomacia ni de restarle valor a la proyección internacional. Panamá, por su posición geográfica y su importancia logística, tiene un rol estratégico que debe ser defendido y potenciado. Sin embargo, la política exterior no puede convertirse en refugio ni en excusa para evadir los desafíos internos. Un país no se construye solo con acuerdos firmados en el extranjero, sino con políticas efectivas que transformen la vida de su gente.

El contraste entre el “paso firme” prometido y el “vuelo firme” percibido genera un desgaste en la confianza. Y la confianza es el activo más valioso de cualquier gobierno. Cuando esta se debilita, no basta con comunicados oficiales o discursos optimistas; se requiere acción tangible, decisiones valientes y, sobre todo, cercanía con el pueblo.

La historia ha demostrado que los liderazgos más recordados no son aquellos que más viajaron, sino los que lograron impactar positivamente en la vida de sus ciudadanos. Gobernar es escuchar, es priorizar, es estar presente donde más se necesita. Y eso no siempre ocurre en salones internacionales, sino en barrios, escuelas, hospitales y comunidades olvidadas.

Panamá no necesita un presidente ausente en su propio territorio. Necesita un líder que camine sus calles, que entienda sus dolores y que actúe con la misma firmeza que prometió. La imagen de un mandatario comprometido no se construye en aeropuertos, sino en la capacidad de responder a las demandas internas con eficiencia y sensibilidad.

“Con vuelo firme” puede sonar moderno, dinámico, incluso necesario en ciertos contextos. Pero si ese vuelo se prolonga demasiado, corre el riesgo de dejar atrás lo esencial: el país mismo. Porque al final, gobernar no es solo representar a Panamá ante el mundo, sino, sobre todo, responderle a los panameños.

Quizás aún hay tiempo de corregir el rumbo. De transformar el vuelo en aterrizaje, y el aterrizaje en acción. De hacer que el “paso firme” deje de ser una consigna y se convierta en una realidad palpable. Porque Panamá no necesita promesas en el aire; necesita soluciones en tierra firme.

El autor es trabajador independiente.


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