Buena parte de las principales causas de la crisis que vive el país son consecuencia del modelo político económico predominante desde hace mucho tiempo. Modelo este que ha producido la acumulación de carencias esenciales en la calidad de vida de la población panameña como son el alto costo de la vida, la pobre calidad del transporte público, de los acueductos, de los servicios de salud y de la educación, entre otros. A estos se ha venido a sumar en esta coyuntura, la aceleración de los precios de los bienes básicos, en especial de los combustibles, consecuencia de fenómenos externos a nuestro país sobre los cuales no tenemos ninguna capacidad de influir. Y, la gota que derramó el vaso, han sido los descarados derroches de las autoridades y la falta de transparencia en la asignación de los recursos públicos.

La necesidad de un cambio del modelo económico y político imperante es una exigencia que reiteran los movimientos de protesta. Tenemos, por tanto, frente a nosotros, un desafío de gran complejidad, para cuyo manejo planteo en este artículo la conveniencia de distinguir el método para abordar los temas de corto y más largo plazo, las cuestiones coyunturales y estructurales y los elementos a considerar en el proceso de cambio del modelo.

Coyuntura y estructura

Un abordaje efectivo de la crisis que vive el país requiere distinguir entre el corto y el más largo plazo, es decir, entre las cuestiones coyunturales y las estructurales. Mientras que la inflación que experimentamos es un fenómeno coyuntural, el elevado costo de la vida, otra arista del mismo problema, es de carácter estructural. La inflación es el resultado de eventos ocurridos recientemente en el escenario mundial por causa de confrontaciones entre potencias importantes, a los que hay que sumar los efectos de los cuellos de botella remanentes de la pandemia que todavía no han sido superados. Por su parte, el alto costo de la vida (alimentos, medicinas y electricidad, por mencionar los principales) es una condición permanente, enraizada en el ADN de nuestra economía, que ha estado presente por un período muy largo. Esta condición estructural depende de las “reglas del juego”, es decir de las leyes generales del país y de las que se refieren a actividades específicas, como son los impuestos, la reglamentación del mercado laboral, las prácticas administrativas del gobierno, la cantidad de empresas en un sector, el poder de mercado de las empresas en el sector, la infraestructura y los servicios públicos, entre otros. El concepto de las “reglas del juego” como se denominaba en la literatura económica a mediados del siglo pasado, es lo que se conoce hoy día como el modelo político económico.

Reformas coyunturales

Las reformas coyunturales que se adopten en el corto plazo estarían dirigidas a reducir los precios de los bienes y servicios que más afectan el poder adquisitivo de los afectados. Es de suponer que se estará pensando establecer un sistema de precios máximos financiados por subsidios a los agentes económicos que lo requieran. Se requerirán acciones administrativas del poder ejecutivo para reasignar fondos del presupuesto mediante traslados de partidas que deben ser aprobadas por la Comisión de Presupuesto de la Asamblea Nacional.

La implementación de estas medidas, en su mayoría de carácter fiscal, implica realizar un cálculo detallado de los recortes y ajustes que se pueden hacer al presupuesto actual del gobierno, con el fin de conocer el monto de los recursos disponibles para subsidiar los recortes de precios. Por otra parte, habrá que elaborar una lista de prioridades de los bienes y servicios que más gravan los presupuestos de los hogares y decidir, con la participación de todas las partes involucradas, a cuáles se les rebaja el precio y en qué monto. Es obvio que ello le otorgaría a los que se sienten en esa mesa un papel extraordinariamente poderoso, como el de jugar a ser el dios de la economía, entendiendo los participantes que ese sistema no puede mantenerse por mucho tiempo. La justificación para hacerlo, por un plazo corto, es lograr tiempo para formular reformas estructurales sobre distintos sectores económicos y sobre las “reglas del juego” que lleven al cambio del modelo. Pero, si se pretende darle permanencia a este sistema, tendríamos ante nosotros un intento de implantar un sistema de economía centralmente planificada, en la que el Estado tenga control de los medios de producción, como el que prevalece en muy pocos países.

La mecánica para las reformas de corto plazo requiere, como paso inicial, separar lo coyuntural de lo estructural con el fin de concentrarse en el primer grupo de acciones. También es necesario contar con dos equipos técnicos que tengan la aceptación de las partes, uno que cuantifique los recursos que se pueden extraer del presupuesto gubernamental y el otro, que provea los datos pertinentes sobre los bienes y servicios cuyos precios se desean rebajar, con el propósito de facilitar la tarea de estimar los costos y métodos de los subsidios.

Reformas estructurales

El fenómeno históricamente conocido en Panamá como el “alto costo de la vida”, que los economistas diríamos que es un problema de precios relativos, es una de las características de nuestra economía que constituye una condición estructural. La distorsión de precios relativos de la canasta de consumo, me la hizo ver un agudo observador al señalarme que el precio de la pasta dentrífica en Panamá es varias veces el precio de un pollo de mediano tamaño, a manera de ejemplo de otras distorsiones. Por su parte, los índices comparativos del costo de la vida elaborados por organismos internacionales para los ajustes salariales de sus funcionarios en distintas partes del mundo, muestran a la ciudad de Panamá como una de las más caras del continente americano. Experiencias vividas por viajeros, embajadores panameños en el exterior y sus homólogos extranjeros en Panamá, nos dicen que el costo de hacer el supermercado en nuestra capital es mayor que el de varias capitales europeas.

Realizar reformas estructurales requiere un diagnóstico objetivo y riguroso con base en datos veraces de las causas de, por ejemplo, el alto costo de la vida, ya sea en la comida, las medicinas, la electricidad o la cobertura y calidad del transporte público de personas, la educación o la salud pública. A todas luces los problemas estructurales no pueden ser resueltos de un plumazo, pues se requiere tiempo, conocimiento profesional especializado, voluntad y destreza política para desmontar el andamiaje que organiza a un sector dado de la producción. Habrá que analizar, para cada uno de los sectores de producción y de sus diversas ramas, las causas y condiciones que llevan a los niveles de precios prevalecientes. Conocer las causas del “alto” precio al consumidor de un grupo de productos que tengan un peso importante de la canasta básica, requiere hacer un levantamiento del sector, conocer su estructura, la forma en que está organizado, incluyendo, entre muchas otras, el número y características de productores, los diferentes elementos de costos, en especial insumos, combustibles y costo del financiamiento. El propósito del análisis es identificar las barreras y cuellos de botella que encarecen el producto, como pueden ser excusividades para el transporte, intermediarios entre productores, procesadores, distribuidores y comercializadores, carencia o pobre calidad de la infraestructura, la existencia de procesos administrativos complejos y costosos y otros factores que encarezcan innecesariamente los costos y precios. De allí se derivarían las hojas de ruta o planes para tomar las acciones que se traduzcan en la rebaja de los precios.

En adición a los análisis sectoriales y, preferiblemente, previo a dicho análisis, conviene hacer un examen muy profundo de las “reglas del juego”, a las que ya me he referido, que son el marco de referencia común a todos los sectores productivos. Estas son las normas, reglas, prácticas administrativas gubernamentales, infraestructuras y otras condiciones con base a las cuales tienen que maniobrar las empresas de todo tamaño, los productores independientes y en fin todos los agentes económicos. Pero en Panamá, el neoliberalismo que tanto señalan algunos está distorsionado por elementos que no son parte de su definición, como son las concesiones especiales, los contratos-ley y toda suerte de preferencias a las que me he referido en otro escrito como el capitalismo de “amiguetes”. Además, el modelo nuestro se distingue por la ausencia de instituciones fuertes y realmente independientes que vigilen y regulen los monopolios, las prácticas oligopolistas y las concesiones para servicios públicos.

El cambio del modelo no es más que realizar el conjunto de reformas estructurales a las que me he referido, para contar con una economía eficiente, productiva y socialmente justa. Esa tarea requiere un esfuerzo muy profundo, sostenido que llevaría varios años diseñarlo y ponerlo en práctica. Este es un desafío intelectual, profesional e ideológico para cambiar el modelo hacia una de las versiones que veremos enseguida.

Modelos político económicos

En un extremo están los modelos autoritarios, entre los que se encuentran el de los países socialistas o comunistas que tienen un partido único en los que los medios de producción están casi exclusivamente en manos del Estado, como en Corea del Norte y Cuba. También en nuestro continente tenemos los casos de Venezuela y Nicaragua, ambos igualmente con un partido único (para todo efecto práctico) en los que los medios de producción son principalmente de propiedad privada; países estos que se definen a sí mismos como de Socialismo del Siglo XXI, pero que se asemejan más al facismo europeo de los años veinte y treinta del siglo pasado y al franquismo que perduró hasta los 1960 en España.

En otro extremo tenemos el modelo capitalista de Estados Unidos en el que el mercado tiene un papel mucho más preponderante en la asignación de los recursos que en otras economías capitalistas ricas. Las distorsiones propias de la economía estadounidense han desembocado en una creciente concentración de la riqueza y del ingreso en grupos cada vez más reducidos de la población, amén de tener un sistema de salud pública y otras formas de protección social muy inferiores a las del resto del mundo capitalista próspero.

Una variante del modelo de Estados Unidos es el neoliberalismo, también conocido en su momento como el consenso de Washington ya que fue promovido en los 1990 por las instituciones financieras internacionales, como la fórmula recomendada a los países subdesarrollados para superar su condición. El modelo propugna por el equilibrio fiscal y de la cuenta corriente de la balanza de pagos, el libre movimiento de capitales, tasas de cambio flotantes, así como la privatización de las empresas públicas. La gran limitación de este modelo es que hace caso omiso de los servicios sociales, sin plantear la necesidad de concentrar recursos en la mejoría de las condiciones de vida de la población a través de la salud, educación, vivienda y una mejor distribución de los ingresos.

Mejores son las condiciones sociales que disfrutan las poblaciones de la mayoría de los países en donde prevalece la economía del bienestar, en especial en Europa occidental, así como en algunos países de Asia y de Asia Pacífico que cuentan con sistemas de salud pública de amplia cobertura, regímenes de pensiones que cubren a toda la población, seguros de desempleo y distribución más equitativa del ingreso. Buena parte de esos países ostentan poderes legislativos funcionales, sistemas de justicia creíbles, ejecutivos eficaces, elevados niveles de educación, alta productividad, buenos niveles de ingreso de la población y baja prevalencia de la corrupción, en un clima político de libertad y democracia. En ellos los medios de producción son principalmente privados (incluso en los países escandinavos), el Estado es el principal provedor de salud y de pensiones, hay transparencia en el uso de los recursos públicos y existe un control efectivo de los monopolios, los oligopolios y los servicios públicos. Todo ello se financia, por supuesto, con un nivel de tributación, que como porcentaje del PIB es mucho mayor que el que pagamos en Panamá. Responden a estas características países tan diferentes como España e Italia en el sur de Europa en contraposición con Holanda y los escandinavos en el norte.

Las decisiones que se tomen en la mesa de negociación que empezó a funcionar recientemente, podrán terminar definiendo cambios importantes al modelo político económico, que bien los necesita, pero podrían llevarnos también a un modelo más distorsionado, por concentrarse en los detalles y no en el panorama global o por no estar conscientes de que, detrás de acciones concretas que se propongan hay una intención ideológica. Por ello es de extraordinaria importancia que los participantes en un acto de honestidad, pongan en la mesa su modelo preferido. En lo personal, prefiero el de la economía del bienestar en un esquema político de libertad y democracia.

El autor es economista