En Panamá existe una contradicción incómoda que preferimos ignorar: mientras la ley prohíbe claramente la venta y el suministro de alcohol a menores de edad, en la práctica el consumo de licor en eventos sociales con adolescentes —como las fiestas de quince años— se ha normalizado, incluso cuando estos eventos se realizan en hoteles, clubes y salones formales. ¿Con qué dinero se paga? Con el de un padre o una madre.
Sin entrar en los miles de historias que surgen luego de estos eventos —desde hospitales que reciben a menores en estado de embriaguez sin que se reporte adecuadamente, hasta accidentes de tránsito y otros desenlaces fatales—, tampoco puede ignorarse que existen menores que habitualmente acuden a discotecas. ¿Con el permiso y el dinero de quién?
No se trata de señalar a una familia, a un hotel o a un organizador en particular. Se trata de reconocer que el modelo actual no está funcionando y que la permisividad social ha superado la capacidad real de control del Estado. Cuando un menor consume alcohol en un evento privado, alguien falló: falló la supervisión, falló el criterio profesional o falló el sistema.
La pregunta correcta no es si ocurre, sino por qué ocurre
Una fiesta de quince años o de graduación, por definición, es una celebración de menores de edad. Sin embargo, en muchas de estas fiestas hay barras abiertas, cócteles elaborados y servicio de licor sin distinción. ¿Quién controla? ¿Quién verifica las edades? ¿Quién responde si algo sale mal?
Hoy, en Panamá, cualquiera puede servir alcohol. No se requiere formación obligatoria, certificación ni licencia profesional para hacerlo. En la práctica, la responsabilidad se diluye entre organizadores, salones, hoteles y padres, y al final nadie responde de manera efectiva.
Mirar hacia afuera: cuando el alcohol se maneja con profesionalismo
En países como Estados Unidos, Canadá, Reino Unido y Australia, servir alcohol no es un acto informal. Existen licencias obligatorias para bartenders y personal de servicio, con formación específica en:
Verificación de edad
Negativa responsable de servicio
Manejo de clientes en estado de ebriedad
Responsabilidad legal y civil
Prevención del consumo en menores
En muchos de estos países, un bartender que sirve alcohol a un menor pierde su licencia, enfrenta multas severas y puede quedar inhabilitado profesionalmente. El establecimiento también responde. La regla es simple: quien sirve, responde.
Panamá necesita reformas de excelencia
Este debate no debe centrarse en prohibir celebraciones ni en satanizar tradiciones. Debe centrarse en elevar el estándar. Panamá necesita avanzar hacia reformas de excelencia que incluyan, por ejemplo:
Licencia obligatoria para bartenders y personal de servicio de alcohol, con capacitación certificada.
Responsabilidad clara y compartida entre hoteles, salones, organizadores y personal de barra.
Protocolos específicos para eventos con menores, especialmente en hoteles y espacios formales.
Fiscalización inteligente, no solo punitiva, sino preventiva y educativa.
Estas medidas no son castigos: son mecanismos de protección para los menores, para las familias y para los propios negocios.
Un país serio protege a sus menores con reglas claras
No podemos seguir actuando como si el problema no existiera solo porque ocurre “en eventos privados”. Cuando el consumo de alcohol por menores se vuelve socialmente aceptable, el daño no es solo legal: es cultural, sanitario y educativo.
Panamá tiene la oportunidad de liderar en la región con un modelo moderno, responsable y profesional en el manejo del alcohol. No se trata de copiar por copiar, sino de aprender de lo que ya funciona en otros países y adaptarlo a nuestra realidad.
La pregunta final es sencilla:
¿Queremos seguir improvisando o queremos construir un sistema que realmente proteja a nuestros jóvenes?
El autor es profesional multidisciplinario: ingeniero industrial, internacionalista y abogado.

