La agonía de nuestro señor Jesucristo en su vía crucis me hizo recordar lo que sufre Venezuela desde hace varios años con el acoso de un régimen dictatorial. La agonía de vivir sin democracia y libertad, así como la violación de los derechos humanos, se hace cada vez más latente.
Venezuela, el país más rico de la América Latina, es hoy uno de los más pobres, pese a tener las mayores reservas de petróleo del continente y todo sucede por tener un gobierno corrupto que expropia empresas, encarcela a los opositores y cierra periódicos, radios y televisoras.
Venezuela carece de alimentos y medicinas y de los productos esenciales para la existencia diaria. La mayoría de los medios de producción están en manos del Estado socialista y los otros sin las divisas necesarias para funcionar. La inflación y la inseguridad son unas de las más altas del mundo y sin la confianza de la inversión privada la economía se ha paralizado.
La represión del chavismo se agudiza con asesinatos y arrestos de los opositores que reclaman hacer elecciones que le den al pueblo el derecho soberano de escoger a sus gobernantes. Las fuerzas armadas y los colectivos, tropa de choque, acosan a la ciudadanía. Venezuela es hoy un Estado policíaco apoyado por la dictadura comunista de Cuba.
El caos institucional, económico, político y social lleva a Venezuela a un punto de no regreso, a una situación límite. Los diálogos promovidos por tirios y troyanos fracasan, incluso las gestiones del papa Francisco.
Luis Almagro, secretario de la Organización de Estados Americanos, asume una posición valiente y cónsona con la trágica y deplorable situación de Venezuela. La actitud vertical de Almagro cuenta con el respaldo de la mayoría de los países de América.
Panamá, con timidez y, sobre todo, sin una explicación razonable, desarrolla una postura de complacencia con la tiranía chavista. Varela olvida las angustias y vejámenes que sufrimos los panameños a manos del régimen de Noriega y cómo nos afectó la indiferencia internacional al respecto. Varela debe recordar el gran apoyo del pueblo y Gobierno venezolano, cuando recibieron a los exiliados panameños que luchaban contra la dictadura militar. Somos un pueblo sin memoria histórica.
Ha llegado la hora de las definiciones. El Gobierno panameño debe demandar la liberación de todos los presos políticos, empezando por Leopoldo López; unirse a la exigencia internacional de celebrar elecciones generales, en un tiempo perentorio, como corresponde a una democracia; respaldar la iniciativa de nombrar nuevos jueces de la Corte constitucional y de la junta de elecciones, con total independencia y credibilidad.
Las acciones recomendadas solo son posibles con un nuevo gobierno que tenga la autoridad y credibilidad de los venezolanos y con el respaldo de la mayoría de los países de América.
Venezuela ya pasó por varias dictaduras y supo sortear favorablemente su devenir político; tengo la esperanza, de que nuevamente podrán los venezolanos encontrar la salida a esta crisis.
Los panameños debemos vernos en el espejo de Venezuela. El drama alucinante por el que pasa este país se puede repetir en el nuestro y en otros del continente si no tomamos las medidas necesarias para que esto nunca suceda.
Dios quiera que la solución política a esta crisis esté cerca, para bien de todos los venezolanos y los países hermanos de América.