Una asidua ciudadana panameña, luchadora furibunda en defensa del patrimonio histórico colonial, en especial del Camino de Cruces, navegando en internet encontró las imágenes de los pliegos de cargo para la licitación de la Facultad de Medicina, que se construirá a un costado de la Ciudad de la Salud.

La madeja reticular de los planos, ya elaborados, revela que la anhelada obra muy esperada en el tiempo por los directivos de la Universidad de Panamá, mandata su construcción sobre el trillado eje del histórico Camino de Cruces.

La distribución del espacio empieza con una playa de estacionamientos, además del cuerpo principal del edificio, irreverentemente asentados sobre el empedrado del camino. Toda esa masa de concreto hundirá, en el olvido eterno, lo que fue la historia viviente de una ruta estratégica interoceánica, que convirtió al istmo de Panamá en el epicentro de la más grandiosa globalización de la época. ¡Oh, escarnio para la historia!

El Camino de Cruces ha sido medido, georeferenciado y divulgado hasta la saciedad por los medios de comunicación social y, en especial, comprobado mediante la investigación arqueológica que reveló su inmanente existencia.

¿Cómo es posible que nuestra primera casa de estudios evoque a la memoria histórica la realidad, ya superada, de la Edad Media, cuando el catolicismo imponía el credo, clavando sobre los templos religiosos de los mayas o de los aztecas o de los incas, la cruz del calvario?

Durante la gestión del gobierno anterior, el Ejecutivo y sus enlaces más conspicuos, encargados de la obra del mercado de abastos y de la Cadena de Frío, se negaron a crear una servidumbre de paso al Camino de Cruces. Ellos no demostraron el menor atisbo de respeto a la ruta colonial. De manera que medio kilómetro de eje y empedrado se perdieron bajo el arrollador ingenio mecánico del momento, “el tractor”.

En la edición del diario La Prensa, del sábado 29 de abril, la información bajo el título: “Retrasan licitación para la nueva Facultad de Medicina” nos da aliento para reunirnos con las autoridades y hacerles ver que para llegar al justo medio, en donde no se haya vencedores ni vencidos, sino que la historia sea la beneficiada en connivencia con la modernidad, se tiene que apelar a la sabiduría y a la buena disposición. Solo de esta manera, en el caso del Camino de Cruces, podremos todos entonar: “Alcanzamos por fin la victoria en el campo feliz de la unión”.