Una de las actividades más dinámicas y vinculadas al desarrollo de las economías mundiales es la del sector hotelero que, mediante sus imponentes infraestructuras y construcciones usualmente lujosas, refleja el importante flujo de inversiones (domésticas y extranjeras) destinadas a la satisfacción de clientes cada vez más exigentes, en cuanto a los servicios que brindan sus instalaciones.

El desarrollo que ha experimentado el sector hotelero panameño en los últimos años ha sido significativo, sobre todo, en la segunda década del presente siglo, cuando se incrementó el número de habitaciones en más de 75% (entre 2010 y 2016), alcanzando un total de 10 mil 369 habitaciones en todo el país, con la presencia de múltiples franquicias y marcas hoteleras internacionales de renombre.

Este importante crecimiento representó diversos beneficios que van desde los flujos de inversiones, con la consecuente generación de plazas de trabajo e incrementos en la producción agregada de la economía (PIB), hasta consolidar a Panamá como un destino turístico por excelencia en la región, precisamente, por la diversidad de la oferta hotelera de que dispone para la atención de visitantes y nacionales que requieren un espacio para hospedarse, comer y disfrutar, durante el período de tiempo que estipulen para sus diferentes actividades.

A pesar de los números alentadores, desde el año 2013 el incremento del número de habitaciones ha sido lento, incluso presentando cifras negativas entre 2014 y 2016. Esta situación es consistente con la disminución del porcentaje de ocupación de habitaciones de los hoteles en los últimos años, pasando de un 66.8%, en 2010, a un 47.7% para el año 2016, producto de una menor afluencia de turistas.

De igual manera, el crecimiento anual del PIB del sector hotelero se ha ido ralentizando en el tiempo, con tasas que apenas superan el 3%, mientras que a principios de la presente década las mismas tasas superaban incluso los dos dígitos, probablemente, debido al debilitamiento del dólar, que incentivó el turismo hacia países dolarizados.

En cuanto a la demanda de mano de obra del sector, se ha registrado un importante incremento en el número de empleados requeridos para la atención de huéspedes, debido a las exigencias cada vez más específicas que solicitan los clientes, en buena parte favorecidos por la amplia y variada oferta existente, que obliga a las diferentes cadenas e instalaciones hoteleras a dedicar mayor atención a la satisfacción de sus clientes, como estrategia de mercadeo para ganar terreno a sus competidores.

No cabe duda de que la industria hotelera contribuye de manera significativa a la economía nacional, facilitando la promoción del turismo internacional, que ha sido reconocido como una fuente de ingresos y de empleo muy efectiva, en beneficio de la producción agregada de bienes y servicios (PIB), y como mecanismo ideal para la distribución de los ingresos, por su positivo impacto sobre el empleo y las actividades de las pequeñas y medianas empresas, además de impactar positivamente a la balanza de pagos por los flujos de capitales extranjeros que implica.

Aspectos como la adecuación y mejoramiento de las infraestructuras viales, portuarias y aeroportuarias, son vitales para sostener el turismo y las actividades relacionadas al sector hotelero. También se requiere una campaña, constante y efectiva, de promoción internacional del país, como destino turístico, que comienza por la generación de buenos indicadores macroeconómicos, sociales y políticos que respalden la buena imagen del país y permitan convertirlo en un atractivo destino para el resto de la población mundial.

Según la Organización Mundial del Turismo, se espera que el número de turistas se incremente entre 4% y 5% en América, en 2017, superando los 200 millones de viajeros. El reto será, entonces, atraer a 100 mil turistas adicionales para estar acorde con las expectativas regionales.