“Se ve más presencia de literatura en un vagón del metro que en un suplemento de cultura”. Al escritor español Antonio Muñoz Molina se le nota enojado con los medios de comunicación de su país.

“Cuando vas a los museos están llenos de gente. Cuando vas a las salas de conciertos de música clásica nunca hay entradas. Pero paralelamente se ha extendido la idea en la prensa de que esos son temas que no venden”, aseguró el viernes en Madrid, en la presentación de Nada del otro mundo, una recopilación de 14 de sus cuentos que acaba de publicar Seix Barral.

“Se ha puesto de moda en los medios decir que no interesan esas cosas. Hay una mezcla de abatimiento y desdén, de melancolía y autosuficiencia que no se corresponde con la realidad. La literatura y las artes plásticas nunca han sido mayoritarias, pero ¿cuándo ha leído la gente en España más cosas serias que ahora?”, cuestionó el también académico de la lengua.

Nada del otro mundo se publicó ya en 1993, pero la nueva edición añade al compendio de relatos uno inédito, El miedo a los niños, y otro que apareció en 1999 en el diario El País, con el que colabora el escritor.

En sus relatos lleva a cabo una aproximación a la literatura fantástica que no se ve en sus novelas, porque a él lo fantástico en la novela no le sirve como lector -“yo tengo una mente muy racional y cuando las cosas son muy fantásticas desde el principio, desconecto”-. En sus cuentos echa mano también de un humor latente y constante que tampoco se encuentra en su obra novelística y se le nota una mayor desenvoltura a la hora de hablar del tiempo presente.

Para Muñoz Molina, las publicaciones periódicas son el hábitat natural del relato. El cuento necesita de un espacio físico, que acaba siendo el libro pero que no empieza en el libro, dice.

La concepción de Muñoz Molina sobre la literatura es una concepción “terrenal”, según explica él mismo. No le gusta la idea de la escritura como “exorcismo” que saca los fantasmas que lleva dentro el autor.