Una caravana de motociclistas y el aplauso de los vecinos al borde del camino acompañaron este lunes los primeros actos fúnebres de las víctimas del atentado el sábado en la Vía Panamericana, suroeste de Colombia, donde la comunidad de La Pedregosa acompañó a los fallecidos por la explosión de una bomba atribuida a disidentes de las FARC.
En la zona rural del municipio de Cajibío, en el departamento del Cauca, los féretros fueron cargados a hombros por familiares y amigos de los veinte civiles asesinados en el ataque en el sector conocido como El Túnel.
La comunidad, acongojada por la tragedia, atravesó caminos de tierra entre casas dispersas, mientras agitaban banderas y globos blancos en señal de respeto a la violencia.
“Para nosotros es muy duro lo que estamos viviendo (...) Han asesinado a gente buena, trabajadora, que no tenía nada qué ver con esta guerra”, dijo a EFE la líder campesina Ana Luz Valencia, habitante de la aldea La Pedregosa, de donde era la mayoría de las víctimas del atentado.
Entre los fallecidos está Daniela Valencia Olín, una joven madre que dejó una niña de ocho años y que, según Valencia, era una mujer “luchadora, solidaria y comprometida con la comunidad”, donde participaba en procesos organizativos y en la escuela local.
Adiós al transportista de la comunidad
También murió José Ciro Puliche, dirigente comunitario y conductor de la chiva, un autobús rural típico de Colombia conocido como bus escalera, vehículo que se partió en dos tras recibir el mayor impacto de la bomba.
Durante décadas, Puliche recorrió los caseríos de la zona transportando campesinos y sus productos hacia los mercados locales. Hoy, en su despedida, otra chiva como la suya llevaba sobre el capó una bandera blanca con la inscripción La Pedregosa, territorio de paz.

Su hijastro, Julián Valencia, recuerda a EFE el momento en que recibió la noticia mientras trabajaba el sábado: “Fue algo muy duro. Me llamaron y me dijeron que había tenido un accidente, pero cuando llegué y vi la escena entendí la magnitud de lo que había pasado”, cuenta.
“Uno siempre guarda la esperanza de que no sea, de que esté herido o en un hospital, pero cuando lo vi, supe que sí era él”, relata al confesar que reconocer el cuerpo de su padrastro fue “el momento más difícil”.
Durante más de 30 años, Puliche condujo su chiva por rutas rurales entre La Pedregosa y el casco urbano de Cajibío, movilizando a campesinos que llevaban café, panela o frutas para vender en los mercados cercanos.
En las viviendas de La Pedregosa los velatorios se realizan en medio de flores, velas encendidas y fotografías que recuerdan a las víctimas, mientras los vecinos entran y salen en silencio de las viviendas, acompañando a las familias.
Mientras tanto afuera, en los caminos, el pueblo intenta seguir la vida, pero marcada por el duelo de una comunidad que perdió a varios de sus líderes, trabajadores y conocidos en uno de los hechos más violentos ocurridos en el país en los últimos años.
Las autoridades colombianas atribuyeron la autoría del atentado a las disidencias de las FARC, lideradas por alias Iván Mordisco, el hombre más buscado del país por el que ofrecen millonarias recompensas para dar con su ubicación y captura.

