La impronta de lo intelectual está fuertemente arraigada a la más reciente muestra del pintor panameño Radamés Pinzón, quien logra conjugar códigos conceptuales y la irracionalidad de las formas plasmadas en el lienzo. Sus pinturas de corte neofigurativista asumen también formas y sentidos surrealistas.

“La tierra de los piensos”, nombre de la exposición, apela a la preeminencia del elemento onírico, las ideas delirantes y del aspecto caótico, en el que el sinsentido es asumido como condición estética.

En sus composiciones, el pintor destruye toda alusión a la mesura, y como buen discípulo de Nietzsche y Artaud, da el primer paso para que a través de sus imágenes el espectador se adentre en las profundidades de una belleza caótica, incómoda y profundamente dionisíaca.

Se vale de la utilización de símbolos que apelan a nuestro inconsciente colectivo, destruyendo sus significaciones cómodas: la casa ya no es un lugar cotidiano, se convierte en un espacio angustioso con múltiples ventanas y puertas que se reproducen en un crescendo obsesivo; la mujer, enmarcada dentro del espacio cóncavo, doble referencia a la feminidad, engaña en una conexión preliminar con la imagen sacra de la Virgen para luego, al observar en detalle, descubrir que se trata de una deidad que fuma y en vez de un niño sostiene un cocodrilo. Inclusive el paisaje, que simula ser calmo, presenta la incomodidad de la repetición hasta el infinito.

La fauna híbrida y monstruosa, las figuras humanas diminutas entre la maraña de elementos y lo acumulativo de la composición, recuerdan las visiones del Bosco en su Jardín de las delicias.

Radamés utiliza la composición triangular, plena de connotaciones, y la perspectiva de pirámide invertida, logrando que la imagen se proyecte hacia el espectador, causando una sensación de impacto y amenaza.

En cuanto a la técnica, es una reinterpretación del puntillismo, en la que los corpúsculos de pigmentos se transmutan en ladrillos que causan un similar efecto visual. La pincelada suelta solo está en los celajes, único punto marcado por cierta convencionalidad.

Apasionada y convulsa, marcada por la curva como expresión de irracionalidad, la profusión de imágenes oníricas y símbolos para conseguir un efecto plástico-alucinatorio, La tierra de los piensos es una muestra que logra orquestar secretas armonías de fuertes efectos poéticos que nos revelan la belleza de lo incomprensible.