Margaritas para los cerdos es una obra creada por el dramaturgo venezolano Domingo Palma y, en Panamá, el nacional Gabriel Pérez Mateo dirige una versión de esta historia.

El argumento de Margaritas para los cerdos se centra en cuatro mujeres, tres maduras y una más joven. Son secretarias con necesidades económicas, se quejan de la vida y juntas empiezan a tramar un “brillante” plan que les cambiará sus malos días.

El punto es que estas mujeres quieren robarle unas joyas a la amante de su jefe, que es una de estas secretarias, pero que no aparece hasta el segundo acto.

La idea es vengarse de su jefe que es un mujeriego.

La forma en que se desarrolla la historia deja cierta incomprensión, al menos en algunos hechos que viven los personajes.

Lo que sí dejan claro es que “todos” los hombres son unos “cerdos”, por solo mencionar uno de los calificativos con sentido despectivo que insistentemente tiene este libreto.

Las intérpretes Isabel Burgos, Stella Lauri, Lucía Moreno y Alejandra Araúz, esta última parte de la nueva generación de actrices, le dieron vida a unas mujeres desesperadas que parecieran culpar a los hombres de todas sus desgracias.

Que si se burlan de ellas, que si las utilizan y las dejan, que no hay hombre bueno en esta tierra, etc., es la constante de las chicas que naturalmente reflejan el perfil de muchas mujeres en la actualidad.

Los diálogos se valen en varias ocasiones del morbo y la obscenidad, si el objetivo tiene intenciones humorísticas, falló en la mayoría de los intentos.

La Margaritas para los cerdos de Gabriel Pérez Mateo tiene una escenografía acogedora, incluso, casi al final de la obra cuando las mujeres intentan incendiar el recinto, los sencillos pero atinados efectos llevan al espectador a comprender qué hecho es el que está tomando lugar.

La actuación de Lucía Moreno se lleva varios puntos, se desplazó con más naturalidad y añadió ese ingrediente interpretativo que fue intermitente durante su ausencia sobre las tablas.

Más que una comedia, esta producción expone la realidad de un hombre sin vergüenza, aprovechador de mujeres y por otro, el de una mujer desenfocada que no aprende de sus errores.