¿Cuántos de los 959 privados de libertad que recibieron rebajas de pena este 26 de mayo, por parte del presidente José Raúl Mulino, volverán delinquir?
Las estadísticas del Sistema Penitenciario nos dan una idea de lo que podría suceder. La estimación, de acuerdo con cifras de 2025, indican que un 45% de las personas que salen de prisión reinciden en la comisión de algún delito: usualmente el mismo que los llevó a la cárcel.
La exmagistrada de la Corte Suprema de Justicia y ex miembro de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos Esmeralda de Troitiño aseguró que el estigma laboral y social y la exigencia generalizada del récord policivo limpio representa una barrera casi insuperable para las personas que han estado recluidas en una prisión, y que esto dificulta su inserción al mercado laboral formal.
Además, Troitiño afirma que dentro de las cárceles panameñas no existen las condiciones para lograr que los privados de libertad vuelvan a la sociedad. “Nuestras cárceles son lugares de encerramiento sin alternativas para aprendizaje de nueva conductas”, aseguró la exmagistrada, quien reclama programas reales de resocialización.
La desconexión social y familiar -advierte- es otro de los factores que inciden en que las personas reincidan en actividades criminales, por la pérdida del vínculo comunitario, que los lleva al aislamiento. Para agravar esa situación, apuntó que cuando salen vuelven al mismo entorno social que los llevó a delinquir sin las herramientas para cambiar esa situación, por lo que, usualmente, repiten el mismo patrón.
Para Troitiño, quien tiene Posgrado en Género; de Especialización en Familia, Niñez y en Materia Constitucional, el crimen organizado y las pandillas son factores de poder que también mantienen a las personas dentro del círculo de la delincuencia. Al tener presencia tanto en los penales como en las calles, explicó, hacen casi imposible que sus integrantes puedan cambiar su modo de vida.
Así, tras cumplir la condena, la mayoría de los privados de libertad regresa a barrios con alta presencia delictiva, como son algunos sectores del distrito de San Miguelito, El Chorrillo y Felipillo, en el distrito de Panamá, y la ciudad de Colón, en donde se ven obligados a reincorporarse a la pandilla para garantizar su propia seguridad y la de su familia.
La también promotora de los derechos humanos confirmó que en las cárceles panameñas existen pabellones enteros que son controlados por pandillas, es decir, que tienen el control de prácticamente todas las actividades que allí tienen lugar y de las personas que albergan.
Las principales pandillas de Panamá (como Calor Calor y Bagdad) operan pabellones enteros en complejos como el Centro Penitenciario La Joya, tal como quedó evidenciado en el asesinato de 13 reos en diciembre de 2019.

El exdetective de la Dirección de Investigación Judicial (DIJ) David Villarreal reconoció que durante su carrera en la represión del crimen se encontró con delincuentes que cumplían su pena y una semana o meses después eran capturados cometiendo el mismo delito por el que fueron condenados la primera vez.
Villarreal reconoció que es un círculo vicioso que muy pocos logran romper y del que solo se logra salir cuando la persona se aleja del entorno que lo llevó a delinquir.
Enfatizó que quienes se involucran en el mundo del narcotráfico, del pandillerismo o del crimen organizado nunca sale, ya que aquellos que lo intentan son objeto de represalias o pases de factura.
La psicóloga Mirjana Cedeño lo explica desde otro ángulo. En el caso de las pandillas —indicó— los privados de libertad crean dependencia del grupo, ya que dentro de prisión reciben protección, ayuda, y cuando salen, por un tema de lealtad, siguen dentro de la organización.
Cedeño alegó que estos son vínculos fuertes, ya que usualmente los pandilleros se inician en el grupo muy jóvenes y eso crea nexos de identidad difíciles de romper.
Programas de resocialización
El Ministerio de Gobierno desarrolla una serie de programas destinados a la resocialización de los privados de libertad, entre los que se encuentran el reciclaje de desechos sólidos que se producen en las cárceles, talleres de repostería, panadería, modistería, reforestación, reparación de sillas (las del Ministerio de Educación), confección de artesanías y la grabación de audio libros con temas de interés general.

De acuerdo con la exmagistrada Troitiño estos programas en realidad están destinados a mantener ocupados a los privados de libertad, ya que la gran cantidad de tiempo libre que disponen debe ser usada en actividades productivas, y que esto no necesariamente los dota de una profesión u oficio.
Población penitenciaria
Según datos de la Dirección del Sistema Penitenciario, los 16 centros penitenciarios del país albergan una población de 24 mil 831 privados de libertad que en su mayoría se concentran en las cárceles de La Joya, La Joyita y la Nueva Joya, todas ubicadas en la provincia de Panamá.
Las cifras indican que en la actualidad las cárceles tienen una sobrepoblación de 10 mil 379 reos.
De acuerdo con la estadística dentro de esta población existen 15 mil 371 internos que ya surtieron sus procesos legales y fueron condenados, y el resto, 8 mil 419, tienen procesos abiertos.
Del total de reos, el 95% son hombres jóvenes, de entre 18 y 35 años de edad.

