+info

Una globalización bien encaminada

 

Para reducir al mínimo cualquier confusión, Joseph Stiglitz no condena la globalización ni tampoco cree que solo sea un invento lleno de perfecciones y cero riesgos.

En su bien llevado ensayo ´El malestar de la globalización´ (Punto de Lectura), considera que la economía mundial libre de barreras, que promueve una mayor integración entre todas las naciones del planeta, puede ayudar tanto a los países enormes como a los más chiquitos. Opina el experto que, bien conducida, la globalización permite que los países subdesarrollados puedan estar cerca del progreso anhelado y lejos de la pobreza que tanto los limita. Reconoce que la economía de mercado todavía no ha colaborado por completo a la prosperidad en el continente africano y en algunos países de Europa oriental, y que algunos irresponsables han impuesto la globalización a la fuerza, aunque esto ha significado hacerle daño al medio ambiente.

Opina Joseph Stiglitz que la globalización funciona cuando hay Gobiernos preocupados por el bienestar de los muchos y no solo del pequeño grupo de siempre; cuando existe una sociedad civil que aboga por la honestidad y cuando los estrategas de los estados y de los organismos financieros internacionales no caen en el fundamentalismo de que la globalización es la panacea y hay que aplicarla a cualquier precio.

Plantea, además, que cada país debería adoptar su propio tipo de globalización, aprendiendo y no imitando de los aciertos y fracasos de los demás miembros de la Tierra.