En 2006, la directora Laura Poitras entró en una lista secreta del Gobierno de Estados Unidos por hacer una película sobre Irak. Su siguiente proyecto fílmico fue acerca de los presos en la base de Guantánamo.

Citizenfour es el último capítulo de su interesante trilogía sobre la unión americana postataques terroristas del 11 de septiembre.

Un día se comunicó con Poitras, vía correo electrónico, un analista de la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, quien le preguntó si quería información sobre cómo se violaba la privacidad ciudadana y si estaría dispuesta a seguir adelante con la pesquisa tomando en cuenta los riesgos que podía correr. El mensaje lo firmaba citizenfour.

Así comienza la extraordinaria Citizenfour, que en 2015 obtuvo el Oscar en la categoría de mejor documental y que ayer se proyectó en el Festival Internacional de Cine de Panamá.

Esta producción le recuerda al espectador que la sociedad de hoy está vigilancia por las agencias de inteligencia de los países más poderosos y que es fácil descifrar sus secretos y su vida entera si los ha compartido por internet, no importa si tiene la contraseña más elaborada, aunque haya sido una sola llamada por el celular más moderno o barato.

Poitra presenta un largometraje que bien podría ser una película de ficción de espionaje y de acción política, aunque lo que preocupa es que lo planteado es realidad y no la imaginación de un guionista de Hollywood.

Su Citizenfour deja a la audiencia preocupada, casi paranoica, cuando Edward Snowden le comparte que no solo Estados Unidos o Alemania están tras usted, sino que también hay empresas de telecomunicaciones que están traicionado la confianza de sus clientes.