Los lentos y obsoletos trenes de Tailandia son un fastidio para la gran mayoría de los pasajeros, excepto para los amantes del ferrocarril cautivados por el encanto de las viejas locomotoras y estaciones de madera.

El tailandés Pornchalit Krutmuang aún recuerda la emoción que sentía de niño cuando se montaba en el tren para visitar a su abuela, una imagen que perdura en su memoria y alimenta su pasión por el tren.

“De pequeño tenía que montarme en muchos trenes para visitar a mi abuela. Me gustaba mucho. Los trenes, la vista. Desde entonces es mi pasión”, señala Pornchalit, ya en la treintena.

Hace diez años, este tailandés fundó con otros amantes del tren Rotfaithai.com (tren tailandés), un colectivo que organiza viajes en diferentes trenes en Tailandia para disfrutar, tomar fotos y recabar información que luego publican en su web.

Con los años, el grupo ha aumentado sus actividades y colabora con una agencia, railway-trip, especializada en organizar excursiones con trenes chárter.

En uno de estos viajes programados, Pornchalit y sus cómplices se citan en Hualampong, la estación central del ferrocarril en Bangkok, de estilo modernista y donde los mochileros se mezclan con los campesinos que vuelven a sus pueblos con el petate y cajas atadas con cuerdas.

Vendedoras ambulantes, que ganan al día unos 200 bat (unos 6 dólares), llevan huevos duros, mangos verdes o pescado seco en cestas que sostienen en la cabeza.