No tienen cuenta en la red social Facebook. Tampoco forman parte de la comunidad en Twitter. Y ni les pasa por la cabeza inscribirse en la de Instagram.

Son personas jóvenes que en plena agitación de la comunicación online no usan alguna red social.

No “existen”, según plantea una popular escena de la recientemente galardona con el premio Oscar a la mejor película, Birdman, en la que el personaje de Sam (Emma Stone) le vocifera a su padre (Michael Keaton), un artista en los años más bajos de su carrera como actor, lo siguiente: “No eres relevante. Pasas de los blogs. Te ríes de Twitter. Pero si no tienes ni Facebook, ¡no existes”!

Ángel Rodríguez forma parte de la minoría que se resiste a los encantos de las redes sociales. Tiene 34 años, se dedica a la fotografía y nunca se ha registrado en ninguna red social. Ni siquiera tenía correo electrónico, pero por pedidos de las agencias y los clientes para los que trabaja tuvo que abrir uno hace unos cinco años. Y nada más.

Similares testimonios tienen la relacionista pública Omaira González y la presentadora de televisión Blanca Herrera. No aparecen en Facebook, Twitter ni ninguna otra red social.

No conocen a muchos más como ellos y admiten sentir cada día la presión de sus familiares, amigos, compañeros de trabajo y el sistema en general para que se unan al mundo social que ofrece la internet y se dejen llevar por los likes y los retuits.

Hoy, cuando se celebra el Social Media Day, comparten los motivos por los que no se han subido a la ola de las redes sociales.