Para encarar al futuro hay que conocer el pasado. Con esa frase, la Sociedad de Amigos del Museo Afroantillano de Panamá (Samaap) empieza hoy su trigésima cuarta versión de la Gran Feria Afroantillana, que cada año elogia la cultura caribeña enraizada en el istmo.
Aunque su fin ulterior es recaudar capital para apoyar los gastos de mantenimiento y conservación del Museo Afroantillano, ubicado en el corregimiento de Calidonia, la feria también despunta como un evento paralelo al Carnaval capitalino representado con la reina afroantillana 2015, Astriz de la Cruz, y sus princesas Gisvel Mena y Belkis Dimas Clarke.
La gastronomía afro, exuberante y representativa, continúa siendo uno de los mayores atractivos de este festejo que se realizará hasta mañana domingo en el centro de convenciones Atlapa, con la promesa de ofrecer viandas surtidas como pescado frito, torrejitas de bacalao, One Pot, arroz con guandú y icing glass, por ejemplo.
“Tratamos de promover y preservar la cultura afroantillana entre las nuevas generaciones”, explica Verónica Forte, educadora y presidenta de Samaap, quien mira la feria como una antesala a las expresiones más representativas de los afrodescendientes: artesanía, música, literatura, culinaria y danza.
FESTEJO A LA RAZA
Unas 4 mil personas asistieron a la feria el año pasado, realizada también en Atlapa, asegura Forte.
Caballeros ataviados condashikis (túnicas) y kufis (gorros) hicieron contraste con decenas de mujeres que le aportaron colorido al evento con elaborados cafanes y pañoletas.
La celebración, empero, aglutinó a familias heterogéneas y visitantes extranjeros, todos atraídos por la oferta cultural.
“Este año contaremos con artistas como el Grupo Acuarela, Los Beachers y los cantantes Idania Dowman, Samuel Archer y Arcadio Molinar”, confirma la docente, quien añade otros actos como un desfile de moda afro y muestras de danzas afropanameñas.
Por otro lado, se contará con un rincón infantil con cuenta cuentos y actividades especiales para los más pequeños, bajo la coordinación de Huellas, Casa Cultural.
Forte explica que, para este año, el colectivo bajo su mando se ha propuesto como proyecto a mediano plazo la creación de un centro cultural en el patio del Museo Afroantillano, con el fin de impulsar valores socioculturales.
La Gran Feria Afroantillana se inició a principios de los años 1980 en este patio, que con el paso de los años se ha quedado chico.
Para esta sociedad sin fines de lucro, un nuevo centro cultural permitiría aprovechar el espacio de una mejor forma para abarcar otro tipo de actividades en beneficio de la sala de exhibiciones.
“Estamos negociando con el Instituto Nacional de Cultura los permisos necesarios para esa construcción, así como para ampliar los baños y la cocina del museo”, afirma Forte.
La concurrencia a la feria de hoy será un primer paso hacia la recolección del capital necesario en beneficio de esta edificación cultural centenaria.
Una casita de madera en Calidonia parece como preservada en el tiempo. Cerca de ella entran y salen pasajeros de la parada del Metro que a pocos pasos se esconde bajo la tierra, seguramente sin saber que detrás de las paredes de madera de ese edificio gris se conserva un buen pedazo de la historia.
El Museo Afroantillano lleva 35 años en El Marañón. Desde 1980 ha visto de todo: desde caserones condenados hasta la tala de árboles para el surgimiento de nuevas edificaciones. Perdura por la protección del Instituto Nacional de Cultura y la Sociedad de Amigos del Museo Afroantillano de Panamá (Samaap). El Museo se encarga de recordar la influencia afroantillana en la historia del istmo.
El costo de entrada parece haberse congelado: los adultos recorren el museo por 1 dólar; los jubilados y universitarios por 75 centésimos y los escolares por 25 centésimos.
Adentro, el espacio que solía albergar una una capilla de la Misión Cristiana exhibe ahora fotos antiguas de trabajadores en el esfuerzo francés por construir el Canal, y puestas en escena de cómo transcurría la vida de la comunidad antillana en esos días de lucha contra la fiebre amarilla.
La exposición permanente retrata la población que de Jamaica, Martinica, Guadalupe y Barbados llegó primero al país para la construcción del ferrocarril y luego para construir el canal interoceánico.
Un cuarto con una colorida sobrecama, vitrinas con remedios naturales para enfermedades tropicales, y hasta vestimentas de la época, se reproducen con fidelidad y constituyen parte de la visita en la estructura construida en 1914. El año pasado cumplió 100 años de estar en pie.
En el recorrido se tiene la oportunidad de ver cómo los hombres se dedicaban al trabajo del campo, mientras que las mujeres hacían las tareas del hogar y confeccionaban la mantelería y la indumentaria.
Un estante con libros completa el recorrido. Allí, con propuestas cuyos precios varían entre los 7 y 25 dólares, el visitante puede salir con el Dictionary of Panamanian English para incorporarlo a su colección personal, un libro cuyas páginas traducen muchas de las expresiones utilizadas por los afrodescendientes en el país, o empaparse de historia con textos como La tragedia del color en el Panamá colonial y De Barbados a Panamá.
La lucha por preservar la historia en las paredes del Museo Afroantillano es continúa, explica Melva Lowe de Goodin, miembro y fundadora del Samaap, autora de varios libros sobre la influencia afroantillana. La historia, detalla, se tergiversa y deja por fuera aportes importantes para la identidad de los panameños.
Motivados por mantener el legado vivo, la Samaap organiza desde hace 34 años la Gran Feria Afroantillana, que hoy y mañana se llevará a cabo en Atlapa. Las ganancias de esta se destinan a apoyar el mantenimiento y funcionamiento tanto del museo como de la asociación.
“El museo es un lugar donde pueden encontrarse”, explica Lowe de Goodin refiriéndose a la población afropanameña que podría hallar en el pequeño museo en Calidonia, y en la biblioteca llena de textos, mucha información de su pasado
Se abre la puerta y se regresa a la realidad. Afuera la gente sigue yendo y viniendo sin saber que detrás de las paredes de madera del Museo Afroantillano, tienen la oportunidad de hacer un viaje al pasado que cuesta menos de un dólar.


















