El millonario brasileño Bernardo Paz ha dedicado su vida a construir en el jardín de su casa un lugar único en el mundo, donde imponentes obras de arte contemporáneo nacen de las entrañas de la selva tropical. Pero en el jardín botánico Inhotim, museo al aire libre y escuela del tamaño de casi 300 canchas de fútbol en Minas Gerais (Brasil), no está libre de la crisis económica que sacude al país.

En Inhotim hay más de 330 especies de orquídeas y hay plantaciones de cactus con deliciosos higos de la India y con venenosas patatas del Diablo. Hay un vivero didáctico de 25 mil m2, bibliotecas, aulas de clase. Y siguiendo diferentes caminos en medio de las 4 mil 200 especies de plantas autóctonas y extranjeras -muchas en vías de extinción- hay centenares de obras de arte de más de 200 artistas del mundo, al aire libre.

Paz, un empresario de 64 años, amasó su fortuna con el mineral de hierro y construyó en los últimos ocho años este destino que, sin estar cerca de Rio de Janeiro o Sao Paulo, atrae a casi medio millón de visitantes de todo el mundo por año.

Sus grandes sueños de agrandar el parque siguen vigentes, pero ha tenido que frenar el ritmo porque China ha perdido apetito por el mineral, de donde obtiene sus ingresos que financian un cuarto del presupuesto de Inhotim.

Paz casi no sale de estas mil hectáreas -140 de ellas jardines abiertos al público y otras 100 de área protegida de selva atlántica y sabana tropical. En 2006 creó este lugar maravilloso que emplea a unas 800 personas, incluido un ejército de 72 jardineros. Su meta es reducir el monto que coloca de su bolsillo en Inhotim cada año: unos 2 mil 5 millones de dólares, de un presupuesto total de 11 mil 7 millones de dólares. En obras está aún un primer hotel boutique que Paz espera inaugurar en 2016, con retraso. También tiene planes para desarrollar las 700 hectáreas aún no abiertas al público con 28 nuevas galerías de arte, más hoteles, un anfiteatro abierto, un teatro cerrado y lujosas villas para que otros puedan vivir como él.