Una historia de suspenso, desesperación y acción detectivesca propone sumergir al lector en un profundo desconcierto.

Osvaldo Reyes está acostumbrado a ver a los bebés en la sala de partos del Santo Tomás, pero en su sexta novela Sacrificio prefiere hacer desaparecer a una pequeña de año y medio para dar rienda suelta a su creatividad en el género en que nada como pez en el agua: la novela negra.

El ginecólogo obstetra utiliza la noche para darle forma a su historia y crear los diálogos, como ha sido la intención para los detectives Jamile y Ángelo, quienes tratan de atar los cabos sueltos para dar con los secuestradores de la única hija de un matrimonio.

Como secuaz el escritor tiene a su esposa, que siendo psicóloga le advierte si la actuación de algún personaje desencaja con el comportamiento humano o con una mente psicópata.

“El hospital siempre me da ideas, pero no es mi única fuente de inspiración”, pues se vale de gente que observa en la calle, el que tira la basura al piso, del viejo que cede su puesto a una embarazada en el metro, por ejemplo”. Otras veces sus tareas médicas, como las autopsias, le son de utilidad para “montar un escenario”.

empieza con un misterio sin aparente explicación. Los secuestradores sacan a la niña de su casa, mientras los padres duermen en una habitación cercana. No piden rescate. Solo dejan un extraño mensaje. Una rosa blanca y una tarjeta con la palabra “sacrificio”, escrita en letras góticas. “Soy un lector del género y un fanático de un buen misterio”, reconoce Reyes.