Muy sonriente, Tran Quang Thieu muestra su caza del día: una decena de kilos de ratas atrapadas en los arrozales cerca de Hanoi, la capital de Vietnam, donde los roedores pasaron de ser una plaga de los cultivos a una presa apetecible.

En la localidad de Van Binh, Thieu y su equipo trabajan día y noche en los campos, donde afirma que los roedores devoran hasta un 20% de la producción de arroz.

En Vietnam, este producto es esencial para la economía del país, segundo exportador mundial de este grano. Thieu, un campesino reciclado en cazador de roedores hace unos 15 años, admite que “es muy difícil capturar a las ratas, son muy inteligentes y corren hasta a 2.7 metros por segundo y hay más de 43 especies de ratas diferentes”.

Thieu, cuenta que reciben pedidos de todo el país, pero que no pueden hacer todo por falta de tiempo. Con esta idea, logró hacer una fortuna y con sus cinco hijos logró poner en marcha seis compañías especializadas en la caza de ratas, y ha vendido 30 millones de unidades. Su técnica se emplea en todo Vietnam, pero también en China y en Camboya donde los contratos de Thieu no se limitan al sector del arroz e incluye escuelas, ministerios e incluso locales de la policía en Hanoi.

En la provincia de Thai Binh, en el sur de Hanoi, las autoridades tomaron recientemente la iniciativa de comprar las colas de rata para incentivar la desratización.

En Vietnam, estos roedores son consumidos en una zona que va desde Hanoi, en el norte del país, a Mekong en el sur.

De las ratas que captura Thieu, una parte está destinada a los restaurantes y el resto es entregado a los campesinos como alimento.

Asadas, cocidas al vapor o al limón, el roedor se prepara en una gran variedad de platos, según las costumbres locales, al igual que el perro o el gato.