Mark Osborne presentó ayer en el Festival de Cine de Cannes su personal lectura de El principito, una de las obras más universales de la literatura, a través de los ojos de una niña que se resiste a que los adultos le roben la infancia.
Es la primera vez que el cuento de Antoine de Saint-Exupéry llega a la gran pantalla en forma animada.
No es fácil adaptar esta historia onírica al cine sin traicionarla, por lo que Osborne opta por “inventar una historia en torno al cuento”, y decide que El Aviador (Jeff Bridges) sobrevive para contar su historia.
Ya viejo, rodeado de cachivaches y recuerdos, pasa el tiempo intentando poner a punto un avión con el que volver a tocar las estrellas que cada noche observa desde su telescopio.
Osborne coloca en el centro de su filme a “La Niña” (voz de Mackenzie Foy), a quien su madre (Rachel McAdams) le ha organizado cada minuto de su vida para prepararla a una brillante carrera. Pero El Aviador, su excéntrico y apestado vecino, le envía un avión de papel hecho con una página de El principito y altera los cuidadosos planes de la madre.
A través de sus grandes ojos, La Niña descubre la infancia que los adultos intentan robarle. Sobre todo, la empatía y la importancia de las relaciones humanas.

