En el marco del Día de la Madre, dos panameñas comparten sus vivencias de enfrentar un embarazo múltiple y esos primeros meses atendiendo a sus hijos.
El reto incluye anécdotas positivas y también caóticas, afirman las madres, y todas las experiencias se multiplican por dos, tres o cuatro, según sea el caso.
Para una mujer, tener un bebé es una gran experiencia llena de nuevos deberes y retos que incluyen días ajetreados y noches de desvelos. Imagínese esa vivencia, pero al doble, triple o mayor intensidad.
Por eso, un embarazo múltiple es calificado por muchas madres como una experiencia “caóticamente hermosa”, tal cual como pregona un anuncio de productos para bebés. Hoy 8 de diciembre, Día de las Madres, algunas comparten esta odisea.
Marti Ostrander, de 42 años, es gerente regional de comunicación de Plan Internacional, y quedó embarazada por segunda vez en 2002. En su segunda cita de control el médico le dijo que tendría trillizos. Su reacción a esta noticia fue llorar.
El asunto se puso mejor en la tercera cita cuando el galeno, después de unos minutos de silencio, le dijo: “felicidades, son cuatro”. De nuevo lloró y no sabe si fue de felicidad, de incredulidad o de emoción. Solo lloraba.
Ostrander se había mentalizado en que quizás no “pegarían” todos, pero a los seis meses de nacidos, se dio cuenta de que tenía cuatro milagros con ella. En ese momento le asignó una cuna a cada uno, antes dormían dos por cuna.
Por su parte, “la noticia mezcló la alegría con el estupor”, dice Romy Díaz, una madre de 42 años y quien tiene tres hijos, dos de ellos mellizos.
La noticia de que su segundo embarazo sería un parto de mellizos la conoció desde los primeros meses, comenta quien se ha dedicado a la publicidad y al mercadeo.
Tanto Ostrander como Díaz cuentan más detalles de la experiencia.
