Alfredo Sinclair Ballesteros, maestro del collage y del abstracto, dueño absoluto del color y de la luz, nació el 8 de diciembre de 1914 en la ciudad de Panamá. Hoy este genio del pincel hubiera cumplido 100 años.
Este nombre necesario para entender la evolución del devenir de la plástica nacional murió el pasado 2 de febrero en la ciudad capital, el día del cumpleaños de su esposa Olga Ávila de Sinclair, quien a su vez falleció el 15 de ese mismo mes.
Alfredo y Olga se casaron el 13 de septiembre de 1953, con quien tuvo tres hijos: Jorge Enrique, Olga y Miguel Ángel.
“Hubieran cumplido este año sus 61 años de matrimonio. Lo de ellos fue una hermosa historia de amor”, manifiesta Jorge Enrique.
“Su grandeza trascendía los predios de nuestro hogar, iluminando a todo aquel que tuvo la dicha de conocerlo. No trató de imponer sus ideas a nosotros sus hijos. Nos aconsejaba en valores de la vida, mas nunca nos sometía, respetando puntos de vista diferentes y creando un diálogo armonioso y gentil para que desarrolláramos nuestras propias ideas y caracteres en un contexto amplio y universal”, dice Olga, pintora como su progenitor.
Miguel Ángel rememora a Don Alfredo como una persona humilde, prudente, amable y solidaria.

