GLADYS H. DE BERNETT
OJOS PRETÉRITOS
La vejez sin remordimientos se hace cargo de las añoranzas, emblema natural son las alabanzas de nuestros sentimientos.
Por eso hoy se mueven mis recuerdos dormidos y sin vigilancia puedo decir lo que siento.
Con mis versos desiguales, con mis reticencias, me miro en unos ojos pretéritos con visión de futuro: son los ojos de mamá.
Entre papeles viejos todas mis fotos la reflejan vivaz:
Una niña, una dama, una señora, una doña Julia.
Ella barre la casa de mi poesía
Ella limpia mi alma
Ella sacude mis entrañas
Ella controla mi existencia
Ella suspira profundamente. Ella reclama a su pequeña hija, de nueve, la número ocho.
Celebramos desde el 26 de octubre de 1914 hasta 2004, tu existencia terrenal con un rico sancocho
hecho con palomino, por la “mamita” querida
con abrazos, con besos, con caricias eternas,
con muchos helados y un “enorme bizcocho”.
¡Dios te bendiga, mamá!
AGUSTÍN HERNÁNDEZ
MI ÁNGEL DE LUZ
Eres grito de la aurora
que ilumina mis grises días, mi maestra con alma pura que con amor y cariño educas con sobrada ternura.
De las rosas, la más hermosa eres, mi ángel de luz, que guía y cuida mi camino, mi amiga, mi consejera, mi consuelo en momentos tristes.
Eres tú, amorosa madre,
mi primavera convertida en poesía, irradias paciencia y dulzura, mil gracias, joyero de virtud, por darme alas para volar.
Me empujas y me animas
cuando hay tormentas en mi vida, viento apacible, luna en mi horizonte,
y los versos llueven incesantes con los sentimientos a cántaros por el amor que te profeso.
