Una quinta parte de las personas en edad de trabajar sufre una enfermedad mental, algo que afectará en algún momento de su vida a la mitad de la población, según un informe publicado ayer por la OCDE.

Quienes tienen una enfermedad mental de suave a moderada se exponen a un riesgo doble de estar en paro en el mundo desarrollado. Y la tasa de desempleo de quienes sufren un grado severo puede ser cuatro o cinco veces superior a la de las personas sanas.

La OCDE aboga por hacer del problema de la salud mental una prioridad para las partes implicadas en el mundo laboral, en el sistema sanitario y en todas las políticas sociales, incluidas las de desempleo y minusvalía.

Eso implica, en primer lugar, una intervención temprana desde el momento en que la enfermedad mental afecta negativamente a la educación y a la transición al empleo. En la actualidad, se empieza a actuar cuando el individuo lleva años alejado del mercado laboral.