ENSEÑANZA. Existen historias que circulan por internet de manera casi obsesiva. El siguiente relato es el que circula en la actualidad; lo recibo, como mínimo, unas tres veces por semana. Y, a diferencia de otros merece ser transmitido a las personas que no tienen acceso a la red.
Un filósofo paseaba por un bosque con un discípulo. Según el maestro, todo lo que está delante nuestro ofrece una oportunidad de aprender o enseñar. En este momento cruzaban el portal de una granja que, aunque bien situada en un hermoso paraje, tenía una apariencia miserable.
-Vea este lugar –comentó el discípulo. –Usted tiene razón: acabo de aprender que mucha gente está en el paraíso pero no se da cuenta, y continúa viviendo en condiciones miserables.
-Yo dije aprender y enseñar -retrucó el maestro. –No basta constatar lo que sucede: es preciso verificar las causas, pues solo entendemos el mundo cuando entendemos las causas.
Llamaron a la puerta y fueron recibidos por los moradores: un matrimonio y tres hijos, con las ropas sucias y rotas.
-Usted está en medio de este bosque y no hay ningún comercio en los alrededores – dijo el maestro al padre de familia. - ¿Cómo sobreviven aquí?
Y el hombre respondió:
-Amigo mío, tenemos una vaquita que nos da varios litros de leche todos los días. Una parte de ese producto la vendemos o la cambiamos en la ciudad vecina por otros tipos de alimentos; con la otra parte producimos queso y mantequilla para nuestro consumo. Y así vamos sobreviviendo.
El filósofo agradeció la información, contempló el lugar por algunos instantes y se marchó. En mitad del camino, dijo al discípulo:
-Busca esa vaca, llévala hasta ese precipicio que tenemos enfrente y tírala abajo.
- ¡Pero si es el único medio de sustento de aquella familia! Sin otra alternativa, el muchacho hizo lo que le habían ordenado y la vaca murió en la caída.
Pasados muchos años, cuando ya era un empresario, decidió volver al mismo lugar, confesar todo a la familia, pedirle perdón y ayudarla financieramente.
Cual no fue su sorpresa al ver el lugar transformado en una bella finca, coche en el porche y algunos niños jugando en el jardín. Se desesperó al pensar que aquella humilde familia había tenido que vender la propiedad para sobrevivir. Apresuró el paso y fue recibido por un casero muy simpático.
- ¿A dónde fue la familia que vivía aquí hace 10 años? –preguntó.
-Continúan siendo los dueños –fue la respuesta.
Asombrado, entró corriendo en la casa, y el propietario lo reconoció. El joven estaba ansioso por saber cómo había conseguido mejorar la granja.
-Bien, nosotros teníamos una vaca, pero se cayó al precipicio y murió– dijo el hombre. –Entonces, para mantener a mi familia, tuve que plantar verduras y legumbres. Pasé un año difícil, pero cuando la cosecha llegó, yo ya estaba exportando legumbres, algodón y hierbas aromáticas. Nunca me había dado cuenta de todo mi potencial aquí: ¡fue una suerte que aquella vaca muriera!
