Las historias cinematográficas acostumbran a hablar de una “paternidad atormentada”, pero para el director español Marc Recha ser padre es amor y no conflicto y así lo refleja en su película Un día perfecto para volar, presentada en San Sebastián.

Rodada con su hijo pequeño Roc y su amigo, el actor catalán Sergi López, la cinta muestra un día normal entre un niño y su padre en un macizo mediterráneo junto a la costa.

Vuelan una cometa amarilla con grandes ojos negros e inventan a dos voces un cuento protagonizado por un gigante mágico y hambriento en busca de jabalíes, tan grande que nunca consigue sumergirse completamente en el mar.

Un conejo blanco de orejas rojas, una seta mágica que ronca, un bosque de árboles que no hablan catalán, una araña venenosa obsesionada con picar... Sentados en el suelo, el niño en brazos del adulto, desgranan personajes con humor y ternura.

La película da un giro cuando descubrimos que Sergi no es el padre de Roc.

En poco más de una hora de metraje, la película rezuma espontaneidad, fruto de la complicidad entre ambos, que se conocen personalmente desde hace años y utilizan sus verdaderos nombres en la historia. “Es un poco un milagro filmado”, considera López. “Está todo puesto en bandeja para que ocurra algo, pero luego puede aparecer la virgen o no y yo tengo la sensación de que en los pocos días que rodamos el milagro fue por la mañana y por la tarde”, dice.