Agustín Clément define la propuesta escénica de La novicia rebelde como “muy fresca. La escenografía no es pesada, no tiene paredes, solo grandes ventanales para poder apreciar los alpes. Es muy funcional”. Se enfocó en el humor que está presenta en la obra. “Quise que la gente salga feliz, además de cantando. Hicimos extensos análisis de personajes con los actores para crear mucha complicidad entre ellos”.

En las coreografías pidió“locuras que se salen de lo convencional. En vestuario me tomé libertades, como cambiar el color del hábito de las monjas, pero en cambio mantuve cosas idénticas a la película como un homenaje, en el caso de los uniformes de los niños”. Adelanta que hay homenajes a los montajes anteriores panameños. Por ejemplo, “el vestido de novia de María es el mismo que usaron todas las María en todos los montajes que se han hecho aquí en Panamá: Gabby Gnazzo, Cristina de la Fuente y Rossetta Bordanea. Fue diseñado por Chale Brannan”.