“Mamá, es una ópera”, exclama la pequeña Julie, de cuatro años, cuando una soprano aparece sobre el exiguo escenario del único autobús que acerca la música barroca a los pueblos de Francia.

“Es un medio para difundir la cultura en lugares con difícil acceso a ella por razones geográficas, como las aldeas rurales, y sociales, como barrios conflictivos, prisiones y hospitales”, explica a EFE el entusiasta precursor del Óperabus, Yannick Lemaire. El vehículo ha recorrido zonas donde ese género musical era casi desconocido. “Para algunas personas, era la primera vez en su vida que asistían a la ópera”, agrega Lemaire, director de la agrupación de música barroca Harmonia Sacra.

Los asientos se han convertido en butacas, las ventanas han desaparecido y el conductor es, a la vez, director de escena para procurar una experiencia operística lo más realista posible.

“Todos los códigos estéticos de la ópera barroca están presentes: como los frescos del techo y la pintura roja y dorada, al igual que los espacios, como la platea, el balcón y los camerinos”, detalla Lemaire sobre esta idea pionera en Europa que comenzó en mayo pasado.

Vecinos y curiosos se acercan al vehículo, apostado el pasado viernes junto al Museo de Bellas Artes de Valenciennes, al norte de Francia. En su interior, la soprano Stephanie Revillion entona un repertorio de los siglos XVII y XVIII, acompañada de un clavecín, ante una decena de espectadores. La charla con los moradores es espontánea luego del show.