La bella durmiente es un clásico literario, cinematográfico y televisivo, que la audiencia de todas las edades reconoce casi de inmediato.

Esta historia, basada en unas leyendas recogidas y luego reestructuradas por los hermanos Jacob y Wilherlm Grimm, Charles Perrault y Giambattista Basile, ha sido objeto de 252 adaptaciones entre 1906 y 2014, unas para televisión y otras tantas para la gran pantalla.

Esto deja en evidencia que esta historia de una bebé que cae presa de un hechizo de una bruja capta la atención del público en general, en especial de las niñas, que son una audiencia que en ocasiones el negocio del entretenimiento no le pone suficiente atención.

Hasta el 8 de febrero se presenta en el Teatro en Círculo el musical La bella durmiente, una producción de Top Line y dirigida por Juan Carlos Adames.

Este montaje deleitará a niños y adultos, tanto por ser su trama tan vinculada con la infancia de muchos, como por ofrecer una puesta en escena conceptual y visualmente interesante, sin olvidar que la historia que nos cuenta va con bastante fluidez del terror a la comedia, pasando por el drama y un final conmovedor.

El director Juan Carlos Adames vuelve a demostrar su talento para ofrecer unos bien construidos montajes infantiles.

La bella durmiente lleva a la audiencia a reflexionar sobre valores esenciales para toda sociedad, como la amistad, la solidaridad, el sacrificio y la familia, entre otros tantos.

Su elenco principal está de lo más compacto. Hay musicales en los que sucede que unos cuantos resaltan y el resto queda rezagado, aunque La bella durmiente fue una grata excepción.

Tan valioso es el desempeño en escena de la Maligna de Lissette Condassín, como las tres hadas madrinas Celestia, Rosalina y Esmeralda, encarnadas con encanto por Yilca Arosemena, Marisín Luzcando y Nilena Zisópulos, respectivamente, al igual que la pareja cómica integrada por Rafael Moreno como Angustia y Ludwick Tapia como Susto.